Fanny Tayver Marín. 7 abril
Junior Díaz es el jugador de Alajuelense más regular del Clausura 2020. En 15 partidos, el defensor registra 1.170 minutos. Fotografía: Rafael Pacheco
Junior Díaz es el jugador de Alajuelense más regular del Clausura 2020. En 15 partidos, el defensor registra 1.170 minutos. Fotografía: Rafael Pacheco

Si se retrocede unos 20 años, el nombre de Gabriela Patterson daba de qué hablar en el atletismo. Era una joya que volaba en la pista y que marcaba diferencia en Juegos Nacionales, Juegos Estudiantiles y categoría mayor.

También es la mujer que en diciembre del 2008 se convirtió en la esposa de Junior Díaz y según cuenta el defensor de Liga Deportiva Alajuelense, ella tiene una influencia directa en su carrera futbolística y en que hoy, a los 36 años, él sea uno de los hombres más regulares en el equipo a cargo de Andrés Carevic.

Aquella jovencita veloz rompía récords con frecuencia y siempre lograba la clasificación para representar al país en Selecciones Nacionales.

Gabriela Patterson era imponente en la pista. Fotografía: Archivo LN
Gabriela Patterson era imponente en la pista. Fotografía: Archivo LN

Por ejemplo, el 12 de octubre de 2002 ganó los 200 metros del Campeonato Centroamericano de Atletismo Mayor con un tiempo de 25.42. De acuerdo con una publicación de su entrenador Sergio Molina, en esa misma temporada, ella cronometró 24.39 en los 200 metros del Iberoamericano en Guatemala.

El técnico reseñó que ella se retiró muy joven y “tenía un futuro enorme en el proceso hacia el alto rendimiento”. Además, lamentó que, a su criterio, “nunca ha existido en Costa Rica una verdadera estructura deportiva para cobijar a los talentos deportivos hacia instancias de rendimientos superiores”.

La vida deportiva de Patterson fue tema de conversación entre Francisco ‘Paco’ Cortez (técnico del alto rendimiento y a la U-12 de la Liga) y Díaz, en una charla en Instagram, donde el formador mexicano asume el rol de entrevistador.

En vista de que varios jugadores de las ligas menores de Alajuelense estaban conectados a la transmisión, Cortez le consultó al exmundialista de Brasil 2014 cómo debe ser la pareja de un futbolista, ya que varios de esos talentos del semillero manudo tienen novia.

“Es una parte muy importante para todos, el poder tener a una persona a la par que se preocupe por su bienestar, por ser una compañía, que te dé buenos consejos para cumplir los sueños de llegar a ser jugador profesional. Tiene que entender que es una vida diferente, no es la vida de andar en fiestas, de andar tarde por la calle, de exhibirme”, manifestó Díaz.

Y agregó: “La prioridad es cuidarse para poder llegar a ser jugador profesional y si esa persona quiere estar con usted y lo valora, es porque quiere ese crecimiento honesto, no de interés, porque hay que decirlo así, ahora muchas personas se acercan solo por interés”.

Indicó que puede hablar del tema con propiedad por experiencia personal.

“Eso a mí me ha ayudado mucho, porque mi esposa fue atleta, campeona centroamericana, participó en un Mundial Juvenil de Atletismo en 100 metros y rompió récords, todavía tiene el récord nacional en el país y ella comprende muchas cosas de lo que yo he vivido durante mi carrera”.

Gabriela Patterson posa con dos de sus hijas. Fotografía: Archivo LN
Gabriela Patterson posa con dos de sus hijas. Fotografía: Archivo LN

Díaz relató que ella es una de las claves para que a sus 36 años aún rinda en la cancha.

“Cuando llego a la casa me tiene una comida adecuada, sabe qué me tiene que dar para alimentarme bien, también me ayuda en la parte del ejercicio porque es entrenadora personal; sabe que tengo que cuidarme, que tengo que descansar y de vez en cuando me dice algunos consejos”.

Tras esas palabras, el defensor se acordó de una anécdota que quiso compartir.

“Para el Mundial fue curioso, lo voy a contar como anécdota, porque yo decía que quería mejorar la técnica de carrera, que quería llegar lo más rápido posible al Mundial, en la mejor forma física y entonces yo dije que la mejor persona a la que le podía preguntar era a ella, a mi esposa”.

Ella le empezó a enseñar ejercicios de técnica de carrera.

“Yo los hacía en la casa, los hacía con ella y yo siento que al final me ayudó un poco, porque pude hacer un buen Mundial y la verdad no me vi tan lento (ríe…). Esa parte es fundamental en el crecimiento de uno como profesional”, añadió.

Sus inicios. Al ser hijo de Enrique Díaz, Junior traía la pasión por el fútbol desde su nacimiento y para él no había un mejor regalo de Navidad que un balón.

“Crecí en barrio, en la calle jugando con mis amigos, con compañeros de colegio, siempre tuve esa pasión y si se desarrolla el talento se pueden hacer grandes cosas en el fútbol”.

Lo suyo era defender, pero aquel 7 de setiembre de 2003, cuando debutó en la Primera División, Carlos Watson ordenó su ingreso a la cancha en un momento de apremio, en Guanacaste, a casi 40 grados de temperatura y entre risas cuenta que lo mandó a la guerra, como delantero.

“Ese momento nunca se me va a olvidar”, señaló, para agregar que otra experiencia inolvidable fue cuando sus compañeros lo felicitaban tras una práctica y él no sabía qué pasaba, hasta que le comunicaron que por primera vez había sido convocado a la Selección Mayor.

“Cuando jugué en Alemania me llenó de orgullo estar ahí y en lo personal, en lo familiar, tener a mis hijas (Camila, Arianna y Nahiara) también ha sido muy bueno para mí”.

Pero en la vida y en el fútbol no todo es color de rosa y le ha tocado hacerle frente a situaciones difíciles de digerir.

“Uno ha tenido ciertas derrotas, como quedar fuera del Mundial de Sudáfrica 2010 en cuestión de 30 segundos; o la pasada final en diciembre que a todos nos dolió mucho, son cosas que quedan ahí y uno aprende de cada situación”, reseñó Díaz, quien es uno de los capitanes de la Liga.

“Cuatro años después estaba jugando un Mundial histórico para Costa Rica (Brasil 2014) y ahora, en este Clausura 2020 estamos en buen camino para buscar la clasificación y otra vez poder disputar otra final. Así es la vida, cae uno, pero hay que seguir levantándose”, acotó.

Además, recordó que sus inicios como legionario fueron complicados.

“Me fui a Polonia, en un clima adverso, en enero y no conocía la nieve. Jugué mi primer partido a -8 grados, con guantes, con gorro y tenía todo para evitar que me diera frío y aun así me estaba congelando”.

Contó que fueron de cuatro a cinco meses difíciles en cuanto a la adaptación, porque el idioma también lo retaba a diario: solo se hablaba polaco.

“A veces estaba en el apartamento, veía el pasaporte y me daban ganas de agarrarlo e irme para el aeropuerto de una vez (ríe...). Pero más eran las ganas de estar ahí que de devolverme a Costa Rica, porque sabía que estaba deseando esa oportunidad y ya que la tenía, debía aprovecharla. En cada situación adversa que me pasó en el fútbol traté siempre de prepararme mejor para la siguiente pelea”, finalizó Díaz.