Antonio Alfaro. 12 agosto
Un Wálter Centeno amistoso con algunos liguistas como Marco Ureña, no corrió riesgos inecesarios en el Morera Soto. Fotos: Mayela López
Un Wálter Centeno amistoso con algunos liguistas como Marco Ureña, no corrió riesgos inecesarios en el Morera Soto. Fotos: Mayela López

Repetida por todos, reforzada por mi colega y amigo Amado Hidalgo, promocionada por un Wálter Centeno quizás en pleno paso de la testarudez a la astucia, la gran mentira juega a favor de Saprissa de vez en cuando.

Dicen y repiten que Saprissa juega siempre a lo mismo. El propio Paté se encarga de lanzar los mejores slogans, frases al estilo de “yo muero con mi idea”, “este es un modelo de valientes”, “nunca vamos a cambiar la receta”...

¡Mentira! Si acaso Paté Centeno jugó siempre a lo mismo (en algún momento lo hizo), poco a poco hace ajustes por aquí y por allá, mientras nos vende —o permite que creamos— el mismo cuento del invariable, predecible y siempre arriesgado estilo de juego, aquel de salir jugando a toda costa, a todo riesgo, con la pelota al piso, de pie a pie, desde el arquero Kevin Briceño hasta el puntero Manfred Ugalde, de paso por Michael Barrantes, Marvin Angulo y Randall Leal. ¡Mentira!

El Saprissa de las últimas fechas se muestra capaz de ajustar la receta. Si el rival le presiona la salida, puede saltarse el acoso con un pase aéreo hasta el mediocampo; si el rival se repliega en su trinchera, recurre al clásico toque-toque de un lado a otro en busca de un tiempo-espacio para el pase filtrado.

El Paté Centeno inmune a las pelotas perdidas frente al área propia, el que indultaba a zagueros y guardametas por cada yerro en salida —y poco le faltaba para instarlos a equivocarse de nuevo—, ahora se frota las manos si el rival se le va encima. Briceño lanzará largo, como lo hizo en 15 de 25 ocasiones contra un Pérez Zeledón tentado a robar pronto la pelota.

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El técnico dispuesto a correr todos los riesgos, pagar todas las facturas y sufrir todas las derrotas necesarias en busca de un ideal, no arriesgó demasiado el balón en la parte baja ante Alajuelense. Lejos de un “todo o nada”, le dio a Michael Barrantes licencia para sus envíos aéreos.

El Paté Centeno del “culpable soy yo”, el que sacó a su defensa hasta el medio campo en Guápiles, goleado por los pelotazos del Santos, tampoco dejó los mismos espacios en retaguardia ante la velocidad de Ariel Lassiter, Allen Guevara y Marco Ureña. Será testarudo; no tonto.

El Paté Centeno que aún se jacta de no cambiar nunca, ya cambió. Un día hará una cosa, al otro será flexible. Con la posesión de balón siempre como ideal, muchas otras cosas parecen negociables en el otrara radical Saprissa de Centeno.

Los resultados tendrán su vaivén. Ganará bastantes juegos. Volverá a perder alguno que otro por esas obsesiones suyas que tampoco van a desaparecer (sin ellas dejaría de ser el Paté). A lo mejor hasta recibe otra goleada cuando más confiado se sienta. El técnico radical, sin embargo, hoy es capaz de ajustarse. Quizás no lo admita, por orgullo o estrategia. A lo mejor le conviene mantener la gran mentira.