Daniel Jiménez. 17 abril

Sentir cómo su corazón late más fuerte mientras hay un ataque de Saprissa. Celebrar un gol de Christian Bolaños y apretar las manos cuando hay una acción de peligro.

Esto es lo que tanto añora la famosa abuela fan de Saprissa: Cecilia Núñez, de 93 años.

María Cecilia Núñez Lobo tiene 93 años y va al estadio acompañada de Mauricio Vega. Ambos viven en San Ramón. Foto: Melissa Fernández
María Cecilia Núñez Lobo tiene 93 años y va al estadio acompañada de Mauricio Vega. Ambos viven en San Ramón. Foto: Melissa Fernández

Es morada desde los 11 años. Extraña vestirse de gala para ir a ver al Monstruo justo en momentos en que es incierto un posible regreso del fútbol tico a puerta cerrada.

De pantalón blanco, camiseta de la S, uñas pintadas moradas y hasta su cabello lila. En silla de ruedas y con la compañía de su amigo Mauricio Vega (46 años), es como doña Cecilia sigue al equipo donde quiera que vaya.

El club le da una silla de palco. Es una de las aficionadas más emblemáticas y queridas por el saprissismo. La conocen dirigentes, jugadores, familiares de futbolistas y la hinchada.

Vive en San Ramón. Dice que lo único que la saca de su casa es el Saprissa.

“Yo siempre paso metida en la casa, ir al estadio era mi única salidita. Ahora no se puede. Esto se puso color de hormiga con el coronavirus.. ¡Qué lástima! De feria parece que en mayo vuelven a jugar, pero a puerta cerrada. Entonces tampoco podría ir. Habrá que esperar a ver qué pasa”. Lo dice con un tono de resignación.

En el 2017, doña Cecilia tuvo que abandonar el estadio, al igual que todos los aficionados, por una amenaza de bomba en medio partido entre Saprissa y Grecia. Foto: Alonso Tenorio
En el 2017, doña Cecilia tuvo que abandonar el estadio, al igual que todos los aficionados, por una amenaza de bomba en medio partido entre Saprissa y Grecia. Foto: Alonso Tenorio

Cecilia es morada hasta los huesos. Pese a que al inicio pensó que llevaría con calma la espera, la situación se complicó. “Se me descompuso el televisor, ahora solo escucho los programas deportivos por radio”.

Pero eso no es lo peor. En su criterio el parón del torneo, que se da por medidas de salud, sucede justo cuando el equipo de Wálter Centeno por fin era líder y mostraba un buen desempeño. El equipo está en la cima del Clausura con 33 puntos en 15 presentaciones. Tiene 29 goles a favor y 14 en contra.

Doña Cecilia es morada desde los 11 años. Hoy tiene 93 años. Foto: Mario Rojas
Doña Cecilia es morada desde los 11 años. Hoy tiene 93 años. Foto: Mario Rojas

“Para colmo de males uno con esa ilusión. Aún somos líderes. Paté estaba haciendo las cosas bien. Este muchacho... Christian Bolaños metía muchos goles y los otros se le querían unir a su buen rendimiento. Querían imitarlo y eso era bueno”, añadió.

Y es que doña Cecilia transpira saprissismo, si por ella fuera habla del equipo las 24 horas. En su opinión Centeno ya tenía el equipo bien encaminado y había llevado un buen proceso como entrenador del club.

Pese a que al inicio le costó como jefe del banquillo, Centeno ya había logrado hacer ajustes a su idea inicial para ahora sí pelear de verdad por el título.

“Quiero mandarle un mensaje a Centeno: A mí me parece que va bien. Que les dé oportunidad a los que lo están haciendo de buena manera. Y a los jugadores: sigan adelante y entrenen fuerte para que cuando vuelvan no les cueste tanto”.

Cuando se le pregunta cuántos años tiene de ir al estadio, no lo sabe. “Ay muchacho... son muchísimos. Ponga que todos”.

Para premiar ese corazón agradecido con el equipo, la institución la invitó a viajar con el Monstruo a México en febrero 2017 para el juego ante Pachuca. Pese a que el cuadro tico cayó 4-0, la aficionada cumplió su sueño.

“Era lo que yo más deseaba, un día me llamaron del equipo que cómo estaba mi pasaporte y yo sentí algo que no se pude explicar, al principio me dio un poco de susto porque pensé que era una broma, pero era una realidad. Fue muy lindo”, concluyó.

Por el momento se desconoce si el Clausura 2020 volverá en mayo, pero doña Cecilia es uno de esos rostros que ya se extrañan en los estadios de Costa Rica.