Pablo Gabas. 11 julio

Desde ahí nos ve, desde el cuarto piso, al que se llega en elevador o, el más atlético, ejercitándose por las escaleras.

De repente llegas al hall y giras a la derecha, segunda o tercera sala, primera cama a la derecha, está el nombre escrito en la pared haciendo referencia al paciente hospitalizado: Erick Marín. No me lo contaron. Fui a verlo. No, por la foto ni tampoco para llevarme los aplausos. Fui porque lo conozco por algo así como más de 12 años. Llegué, charlamos un rato largo conocí a sus compañeros y me pidió algunas cosas que le estaban haciendo falta y por ahí una gaseosa con la cual quería sacarse el antojo.

Apareció en Santa Bárbara, club donde debutó e inició su carrera deportiva. Llegó con Miguel, su hermano, quien todavía no asomaba en Primera porque era un adolescente que carecía de algunos conceptos para formar parte del primer equipo, que en ese entonces presidía Rolando Castro.

Luego de los entrenamientos comíamos en lo de Doña Maritza, popular en Santa Bárbara por alojar y dar de comer a una gran cantidad de jugadores que eran parte del equipo.

Además de partidos oficiales y viajes a distintos lugares me da la autoridad de hablar con derecho de causa.

Pero bueno, vamos al fútbol, lo que nos gusta y por lo cual escribimos. Después de comunicar de parte de Erick y su familia un nuevo tratamiento en su lucha contra el cáncer, los dos clubes más importantes de este país se unieron para darle vida al clásico sin colores en beneficio de Erick Marín; de lo recaudado se le daría una parte al jugador.

La gente apoyó y el fútbol cumplió: dos equipos que suman este juego como parte de su pretemporada, buen ritmo, juego de ida y vuelta, una muestra de los jugadores contratados y las ideas de sus técnicos, uno con cinco meses al frente del equipo y otro con apenas un mes.

El juego lo termina ganando el equipo manudo por muchas cosas: mejor con la pelota, rápido y efectivo.

Fue determinante en su accionar y encontró en las manos de Adonis Pineda un portero seguro. En los recientes juegos demostró que su préstamo al equipo griego termina cumpliendo el objetivo de darle minutos y manejo de los tres palos.

El conjunto manudo estuvo dinámico, preciso en sus pases y con un Ariel Lasiter encendido que, por la forma de jugar de Carevic, parece tendrá mucha partición.

Ganó la Liga, ganó el fútbol, ganó quien nos ve desde el cuarto piso.