Jacques Sagot. 21 septiembre

“Hicimos todo lo que pudimos, pero el gol no se dio”. ¿Quién es “se”? ¿A quién designa este ambiguo pronombre? ¿Será a la cocinera de la suegra de la tía de la comadre de la amante del director técnico? “Se” no es nadie. El filósofo Martin Heidegger lo analiza en su opera magna: Ser y Tiempo. Decir “no se nos dio el gol” es una manera de no asumir la responsabilidad: las cosas no “se dan” o “dejan de darse”. La explicación cabal es: “fracasé una y otra vez en mi intento y por eso fuimos derrotados”.

“Ellos se pararon muy bien atrás”: otro pusilánime pretexto. El rival siempre resulta “pararse muy bien atrás”: una expresión completamente erosionada.

“Nosotros no pudimos anotar en las 275 ocasiones de gol que fabricamos, mientras que el rival marcó en la única oportunidad que tuvo”. Sí, el rival siempre practica un juego estítico y nos derrota en la única, pinche y miserable opción de gol que propició, mientras que nosotros tuvimos 275 ocasiones, y no lo logramos. ¡El fútbol no se gana por ocasiones, sino por goles!

“Bueno… err… este… pues… sí… verdá… yo tuve la fortuna de meter la pierna y marqué el gol, pero fue obra de todo el equipo: yo, pues, verdá… humildemente andaba ahí por el área y tuve la suerte de estirar la pierna. Pero el mérito es de mis compañeros, no mío. Tenemos que ser humildes, no una manga de creídos”. He ahí la síntesis de toda la falsa, errónea concepción tica de la humildad.

“El gol no lo metí yo: fue mi abuelita adorada, que hoy cumple diez añitos de muerta: yo vi la cara sonriente de la viejita cuando se asomó entre dos nubes y empujó el balón soplando desde el cielo”. Sin comentarios.

“Este triunfo se lo queremos dedicar a toda la gente linda y especial de Paso del Chancho de Chirraca de Acosta”. Todo el mundo es “lindo” y “especial”, en este pintoresco cafetal.

Esos son nuestros futbolistas: personajes folclóricos, humoristas a pesar de ellos y creadores de un sociolecto popular muy revelador.