Esteban Valverde. 17 noviembre, 2020
Daniel Torres (primero a la izq.) junto a colegas en una capacitación de trabajo físico y muscular. Fotografía: Cortesía
Daniel Torres (primero a la izq.) junto a colegas en una capacitación de trabajo físico y muscular. Fotografía: Cortesía

Daniel Torres debutó con Saprissa en 1996, en un partido contra Ramonense. Un espigado zaguero de perfil zurdo llegó al camerino de la Primera División a competir con futbolistas como Mauricio Wright, Víctor Cordero y Jervis Drummond, entre otros.

La historia de Torres dictó una rápida consolidación y con ello un brinco al fútbol internacional; en aquel momento el jugador eligió un país con poca tradición futbolera pero que prometía un desarrollo rápido: Estados Unidos.

Daniel fue uno de los primeros ticos en ir a la MLS, lo hizo de hecho en la primera década de ese campeonato y allá militó en equipos como el Columbus Crew, Real Salt Lake y el FC Dallas. Aunque es claro que nunca ganó para ser millonario, siempre estará agradecido con el fútbol porque le permitió comprar el trofeo principal de su carrera: su casa.

Torres no añoraba un mundial, tampoco muchos campeonatos, simplemente quería que el deporte le permitiera avanzar económica y socialmente, situación que al final se dio.

“Soy tranquilo, soy de perfil bajo, en el fútbol lo que menos me interesaba era ser reconocido, una experiencia que agradezco mucho es comprar la casa en la que mi familia y yo vivimos, mis contratos no fueron exageradamente buenos, pero sí fueron los que me permitieron ahorrar para comprar mi casa y no deberle a nadie. Eso le agradezco mucho a Dios”, recalcó.

Torres fue formado completamente en el Saprissa, institución que también le aportó valores de vida que hoy todavía tiene muy vigentes.

“Saprissa nos dio herramientos muy fuertes, la mentalidad que tenés al estar en ese club es tremenda, además que yo tuve las experiencias fuera del país, yo creo que eso me hacen sentirme muy satisfecho por todo lo que viví, porque al final el fútbol es una profesión muy noble, pero ser parte de Saprissa hace que una persona sea reconocida por una gran parte del país. Son privilegios que muchos jugadores desestiman, si uno lo maneja bien eso sirve en el futuro”, recalcó.

En el caso de Daniel, prefiere aplicar el adagio que deja más la persona que el jugador, por su forma de ser, por su don de gente. Él intentó aplicar eso en su carrera y de esta forma siempre mantuvo un perfil bajo y reservado pese a estar en Saprissa.

“Yo creo que muchas cosas influyeron para eso, pero dos en especial: la formación de mis papás, que tuvieron muchos aciertos en la crianza nuestra, mis papás se dedicaron a trabajar porque era necesidad con tres carajillos que comían como un remordimiento, ahí nosotros aprendimos a valorar el esfuerzo. Segundo y más importante: yo soy una persona que siempre ha sentido una cercanía muy particular con Dios, soy un enamorado de Dios, trato de vivir mi vida pese a mis errores y siempre he sentido que Dios tiene algo particular conmigo. Entiendo que Dios es soberano y Él me lleva a eso, Dios ha sido la clave para mí y mi familia”, dijo.

Actualmente Daniel tiene 43 años y se retiró a los 32, él se dedica al asesoramiento físico y sigue trabajando para el Saprissa, ya que es la mano derecha de Pierluigi Morera, actual preparador físico tibaseño.

“En realidad terminé muy satisfecho en mi carrera, pese a que mis oportunidades en Selección Mayor fueron limitadas, pero hacer gran parte de mis 14 años fuera del país fue gratificante, aprendí mucho de la vida, de la gente, también fue una experiencia que me permitió entender qué quería hacer yo cuando terminé mi carrera. Mis experiencias en la parte de acondicionamiento se mueven de lo que aprendí en Estados Unidos y esa influencia me ha permitido mantener mi educación con escuelas sobre lo que enseñan Estados Unidos en vida atlética”, señaló.

Su retiro tempranero se dio gracias a un cúmulo de situaciones que llevaron a entender a Daniel que el camino era el de alejarse de los terrenos de juego.

“Hubo una acumulación de cosas, Dios preparó mi camino, cuando yo termino con el FC Dallas, al final termino encantado y cuando regreso al país a buscar equipo, quiero una beca deportiva y que me permitiera tener una vida normal, es decir jugar en Costa Rica y estudiar, eso era lo que yo buscaba porque ya tenía mi casa, yo regreso al país y Saprissa me cierra las puertas, Heredia lo pensamos pero no, Mauricio Wright me quería en Brujas y lo pensamos pero no tenía espacio... Yo solo digo que fue que Dios me quería en Estados Unidos, el FC Dallas me ofrece trabajo en su centro de entrenamiento y colgué las botas”, detalló.

En la actualidad el zurdo y su esposa, Alexandra Sánchez, tienen un hogar conformado por sus pequeños: Larissa, Alicia y Luca.

Aunque se declara un apasionado del deporte, el exjugador morado contó que el fútbol no es su deporte preferido para practicar, sobre todo porque la última vez que jugó con la Selección Nacional Máster sufrió una lesión fuerte.

“Me apasiona el deporte, pero te soy sincero vieras que la última invitación que tuve para jugar fue para la Selección Máster, tuve el infortunio de romperme la rodilla en un evento y ya entendiendo algunas cosas pienso más en calidad de vida y que mis hijos me necesitan sano. Lo que siempre he evitado es tener problemas. Me mantengo haciendo deporte, pero corro o ese tipo de cosas”, concluyó.