José Pablo Alfaro Rojas. 30 mayo
Cuando el Morera Soto se llena, los vendedores aumentan sus ventas. Fotografía: Mayela López.
Cuando el Morera Soto se llena, los vendedores aumentan sus ventas. Fotografía: Mayela López.

Doña Mayela León empezó a vender comida en el Estadio Alejandro Morera Soto hace casi 40 años, cuando la entrada al reducto era de tierra y piedra suelta.

Hoy, a sus 71 años, no recuerda una crisis peor que la actual. Lo dice con algo de tristeza, pues faltan pocas horas para el clásico, el partido en el que hacía su diciembre, pero que en esta ocasión tendrá que mirar desde su casa.

Doña Mayela reconoce que en un partido ante Saprissa suele vender entre 150 y 200 bolsas de mangos, cerca de 200 hamburguesas y alrededor de 150 tazas chinas (un plato que trae arroz, lechón o vigorón, cebolla en rajas y yuca).

“En un clásico vendía más de ¢1 millón, pero ahora estamos feos porque no tengo ninguna entrada, no he podido pagar ni la luz en mi casa", afirma doña Mayela.

La señora empezó a vender comida cuando las oficinas del club se encontraban frente a la Catedral de Alajuela, y desde entonces su principal ingreso proviene de los partidos.

“Vieras la tristeza que me da, cuando se venían los partidos buenos se vino todo esto”, afirma doña Mayela.

Patí. Para el vendedor de patí, Wálter Clark, los clásicos son una caja de sorpresas.

En el intermedio del juego es cuando más vende sus productos, siempre y cuando la Liga no vaya perdiendo, pues dice que los aficionados no tienen ánimo para comer.

En un buen día de clásico, puede colocar entre 100 y 120 bolsas de patí.

“La época en la que más vendí fue en la de Badú. Todos los partidos eran de locos”, confiesa Clark, quien ya suma 35 años de vender su producto en Alajuela y no recuerda una etapa tan complicada como la actual.

En este momento, hace lo posible por colocar su producto en la feria del agricultor en Heredia, sin acercarse a lo que facturaba en los estadios.

“Si el equipo está jugando mal no se vende nada porque la gente está con cólera”, afirma Clark.

Empanadas. Nel López y su familia venden empanadas de queso y frijol en el sector de sombra del Morera Soto, un negocio que heredó de sus padres, quienes lo empezaron hace ya 55 años.

Las empanadas de 'doña Mema' son reconocidas entre los fanáticos del club, afirma López, lo que las convierte en el producto que mejor se vende en su negocio.

En los clásicos suele colocar entre 150 y 200 empanadas y unos 75 gallos de picadillo.

"Cuando la Liga está bien, casi siempre se vende todo lo que llevamos", cuenta López.

Pastelillos. Una de las ventas de comida más conocidas del escenario rojinegro es la de pastelillos y fresco de frutas.

En el negocio familiar trabajan doña Grace Ramírez y sus cinco hijos; ella empezó a trabajar en el local hace ya 35 años y desde entonces es su principal fuente de ingresos.

En los partidos ante la S es cuando mejores ventas alcanzan, pues en un buen día podían colocar entre 400 y 500 pastelillos y cerca de 200 frescos de fruta.

Hoy en día se sostienen al vender su producto a domicilio. Reciben pedidos por WhatsApp y una vez a la semana los entregan en las casas de sus clientes.

“Estamos deseando que pueda volver la afición. El ingreso no es igual que en el estadio”, explicó Grace Ramírez, hija de la fundadora del pequeño comercio.