José Pablo Alfaro Rojas. 16 marzo

Es difícil convivir con la tortura, como sino hubiera cura para sanar la inestabilidad y los altibajos. Y así como Cartaginés se acostumbró a las desilusiones, el centenario resultó ser un calvario para los rojinegros. Fue el duelo de los angustiados.

Lo que sucede es que el fútbol ofrece bocanadas de aire fresco, necesarias y reflejadas en las victorias. Ni el equipo más muerto se queda bajo tierra cuando desde algún agujero se filtra el aire necesario para continuar respirando. La Liga y Cartaginés necesitaban ese respiro en medio de la agonía. Ninguno lo consiguió.

El 2 por 2 no le sirve a nadie. Alajuelense termina herido, sin otra victoria en casa. Los brumosos también, después de generar y provocar tantas jugadas en el segundo periodo, que el segundo gol parecía un premio justo, después de mucha insistencia.

En el último minuto, en la última jugada, Henry Figueroa se levantó entre los centrales blanquiazules y de cabeza empujó el balón a las redes. Fue el empate, pero había poco que celebrar en la Ciudad de los Mangos... y en la Vieja Metrópoli.

Facundo Zabala cometió un autogol en el primer minuto del juego. En la imagen presiona a Manfred Russell, de buen segundo tiempo. Fotografía: Melissa Fernández.
Facundo Zabala cometió un autogol en el primer minuto del juego. En la imagen presiona a Manfred Russell, de buen segundo tiempo. Fotografía: Melissa Fernández.

Radiografía. El primer minuto del duelo comenzó con un inusual autogol del debutante argentino Facundo Zabala, inscrito como jugador de alto rendimiento, pero necesario para ocupar el carril izquierdo del primer equipo, ante las notables bajas en Alajuelense.

Un cobro de tiro de esquina de Paolo Jiménez fue desviado por Zabala y el balón se coló en la portería de Patrick Pemberton, apenas en la primera jugada del cotejo.

1 por 0. El triunfo prematuro del Cartaginés lo llevó a replegarse y convirtió el enfrentamiento en un juego de ajedrez, con Alajuelense como dominador paciente, a la espera de que se abriera algún espacio en medio del aparato defensivo visitante.

Cada movimiento manudo topó con pared. El equipo de Martín Arriola se apegó a la idea de cerrar todos los espacios para jugar al límite.

Aún cuando parecía tener los ingredientes para jugar a la contra, la timorata propuesta se centró en evitar la caída de su arco. Y fue entonces cuando la Liga apretó el paso, con la premisa de escalar por distintas vías: por las bandas, por el centro, con el balón largo.

La Liga sorprendió con la constante presencia de sus defensores en el área rival, lo que se transformó en la fórmula para emparejar el marcador, cuando Porfirio López ganó un centro en las alturas para asistir a José Miguel Cubero, que de cabeza perforó las redes, al 16'.

Hubo invasión de aficionados manudos en el cierre del duelo. Fotografía: Melissa Fernández.
Hubo invasión de aficionados manudos en el cierre del duelo. Fotografía: Melissa Fernández.

En el segundo periodo el cotejo se emparejó, cuando Cartaginés retomó la premisa de atacar y, por lapsos, llevar la iniciativa. La necesidad eriza se convirtió en espacios para el contragolpe que, esta vez, sí aprovechó el plantel blanquiazul.

Entre Manfred Russell, el recién ingresado Marcel Hernández, Paolo Jiménez y el propio Julio Cruz, el ataque de Cartaginés encontró las sociedades para golpear a la Liga, a veces con poca eficiencia en el último pase.

El León, en cambio, perdió claridad en el toque y la solvencia en las aproximaciones a puerta. Se descuidó con tanta frecuencia en el eje medular que perdió el equilibrio.

Cartaginés disparó con metralleta hasta que Patrick Pemberton no pudo más. Repelió un remate a quemarropa de Cruz, otro de Luis Pérez. Insistieron los blanquiazules hasta que Erick Cabalceta se filtró entre la zaga y de cabeza anotó el 2 por 1.

Con algo de fortuna, Figueroa cabeceó certero. Un empate que pocos celebran.