Amado Hidalgo. 15 mayo
Aclamado por nadie en su aparición en Primera, Luis Marín ya demostró de lo que es capaz. Wálter Centeno y el Saprissa lo comprueban en carne propia. Foto: Rafael Pacheco
Aclamado por nadie en su aparición en Primera, Luis Marín ya demostró de lo que es capaz. Wálter Centeno y el Saprissa lo comprueban en carne propia. Foto: Rafael Pacheco

San Carlos será campeón este miércoles, si el futbol no nos sorprende con esos coletazos del destino, que dejan en ridículo a los pronósticos y a sus autores. Pero aun si no lo fuera y va a la final, gane o pierda, los Toros habrán hecho su gran faena.

El rabo y las orejas, entonces, deben ser entregados a Luis Marín. El mejor técnico de la campaña, por encima del resultado de este último juego de la segunda fase y de una eventual serie de dos partidos más contra Saprissa.

Porque hay que ser consecuente y justo. Al inicio del torneo no le dábamos posibilidades ni crédito al trabajo de Marín. El asistente de tres seleccionadores que, pensábamos, no hablaba, no influía, que “estaba pintado” al lado de Pinto, resultó ser un gran estratega.

Los dirigentes de la Fedefutbol y su comisión técnica son los que estaban obligados a apreciar y valorar su trabajo. No lo hicieron. Esa torpeza se convirtió en una bendición para el futbol, pero sobre todo para los sancarleños.

Injusto sería también limitar el potencial de Marín a una simple copia de sus mentores, Jorge Luis Pinto y Óscar Ramírez. Lo más valioso suyo es que, aplicando los conceptos defensivos y equilibrados de aquellos dos, mantuvo en el equipo el estilo agresivo en ataque que había impregnado Cardetti.

Lo que parecía un lindo accidente, la primera campaña norteña tras su regreso a la máxima categoría, se convirtió en una sensacional travesía de los Toros del Norte por este Clausura, jineteado por su “inexperto” técnico.

Con una nómina de buenos jugadores, pero muchos descartados por viejos o rendimiento dispar en otros clubes, el excapitán de la Sele potenció el legado de Cardetti. El segundo mejor equipo en ataque, el primero en defensa, el más sólido en casa, el más contundente en las redes del Carlos Ugalde.

Nunca usó frases como “El Toro anda suelto en la plaza”, no se auto nombró como el abanderado del juego ofensivo, ni contó los pases, ni buscó excusas cuando llegaron las lesiones. Fiel a ese estilo mesurado, que no pareciera congeniar con unos toros bravíos, Luis Marín es el mejor regalo que este Clausura le ha dado al futbol.

Mientras la Selección trae a un asistente sin pasado y su Liga Deportiva Alajuelense entrega las llaves a otro técnico desconocido y sin pergaminos, el exdefensor manudo está por escribir la más brillante página en la historia de un San Carlos inolvidable. Ojalá, para el futbol, que este rey tenga larga y provechosa vida.