Fútbol Nacional

El drama del arquero de Liberia que jugó casi 10 minutos con un hueso expuesto

Rándall Aguinaga se quebró dos dedos del pie derecho en el juego del domingo; sin embargo, no notó la gravedad de su lesión hasta que terminó el encuentro y vio cómo su pie sangraba

Rándall Aguinaga vivió a sus 20 años una de las experiencias más duras que puede sufrir un jugador. El arquero de Liberia sufrió una fractura expuesta en un dedo del pie derecho, pero lo más impresionante fue que jugó cerca de ocho minutos así.

Aguinaga recuerda que corría cerca del minuto 87 del partido entre Liberia y Jicaral, un compañero le entregó un balón muy obligado hacia atrás, él salió a despejarlo pero el atacante rival, Leonardo Adams, se barrió con la clara intención de adelantarse. El portero ganó el duelo pero por la inercia de la jugada chocó con los dos tacos de Adams y voló por los aires.

“El pase venía un poco suave, eso me obligó porque la pelota quedó dividida. Leonardo Adams vino con todo por la pelota porque creo que estaba un poco desesperado, ya que nosotros íbamos ganando y el partido estaba terminando... Yo vi que venía con las dos planchetas. La verdad sí creo que venía un poco fuerte y cuando yo impacté la bola de una vez quedó el impacto con los tacos”, explicó.

El portero narró que cuando cayó al suelo empezó a sentir que el pie se le puso caliente y la sensación de que un líquido corría por la planta.

El carácter y deseo de ganar, además de las constantes solicitudes de sus compañeros de que terminara el juego hicieron que tomara la decisión de no ser atendido por el cuerpo médico. Con un gran dolor, Aguinaga le solicitó al central del juego que le diera unos segundos para terminar de asimilar lo que sentía. Sin embargo una acción le tocó el orgullo.

Los jugadores de Jicaral empezaron a meterse directamente con él y le decían desde lejos insultos.

“En ese momento y con el dolor que sentía solo miré al cielo y le pedí fuerzas a Dios y a mi hija que está allá. La afición me dio fuerza, el entrenador (Víctor Abelenda) decía que me levantara, pero lo que me motivó más fue cuando escuché a los jugadores de Jicaral decirme: ‘sos un cagón, estás perdiendo tiempo’. Eso me tocó y decidí levantarme”, contó.

Rándall no dejó que ni siquiera le quitaran el taco, debido a que él mismo sabía que si le retiraban el zapato no iba a poder continuar el cotejo.

"Jamás pensé que estaba fracturado, pero yo sabía que tenía sangre y usted sabe que con sangre en el uniforme no se puede jugar, entonces preferí levantarme y seguir así", añadió.

Los restantes tres minutos de tiempo regular más cinco de reposición se hicieron eternos para el guardavallas, quien aún así siempre que jugó una pelota rastrera la jugó con el pie.

Al jugador le llegaron dos pases de sus compañeros y en uno casi le anotan porque se vio obligado a pasar la pelota con su pie izquierdo.

"Fue muy gracioso porque imagínese que después me molestaban de que yo parecía un camión acomodándome para despejar porque me perfilaba con la derecha pero le pegaba con la izquierda", mencionó entre risas.

En la última acción del partido, Aguinaga no daba más. Apenas escuchó el pito se tiró al suelo y empezó a gritar, ya que por los síntomas que presentaba sabía que algo andaba mal.

El pie derecho comenzó a dormirse, el dolor le atrapó toda la pierna y las lágrimas empezaron a invadir sus mejillas.

“Un compañero fue el primero que me ayudó, me quitó el zapato y comenzó a gritar que estaba quebrado. En ese momento me volví a ver el pie y tenía un hueco en la media, el pie lleno de sangre y un hueso expuesto”, revivió con sus palabras.

A partir de ese momento todo avanzó muy rápido.

Desde los celulares de los jugadores de Liberia intentaban pedir una ambulancia, pero por la huelga no llegó. Ante esto, el delegado del equipo decidió trasladarlo al hospital en su vehículo.

“Estuvo un ratito ahí con el hueso expuesto en el camerino, porque antes de llevarme hicieron una oración por mí. Luego ya llegué al hospital y el doctor que me atendió. Lo primero que hizo fue regañarme y decirme que si estaba loco por jugar un tiempo así”, dijo.

El portero pasó a la sala de operaciones ese mismo domingo y a las 6 p. m. le trataron las dos fracturas.

"El segundo y tercer metatarsiano, huesos que están a la par del dedo gordo fueron los que se me fueron. Ahora el primer diagnóstico que tengo es cinco meses fuera y tengo que estar yendo al INS para que me den terapia y me digan el proceder", dio a conocer.

Después de las congojas y carreras, el liberiano recibió una llamada de disculpa de parte de Leonardo Adams, quien le hizo saber que jamás pensó que la situación deparara en una dolencia tan grave.

En cuanto a su familia, Rándall relató que prefirió no contarles nada hasta minutos antes de la operación sobre todo para evitar la preocupación de su madre.

“El que sí me llamó fue Leo a disculparse. Leo se disculpó y me dijo que no me quería lesionar. Él trató de explicarme que podía llegarle al balón... Al final la jugada fue muy rápida. En el caso de mi mamá, María, ella sí se asustó mucho, pero ya después yo la tranquilice”, concluyó.

Ahora, el cuidapalos de Liberia que jugó 10 minutos con un hueso expuesto recuerda lo sucedido con una sonrisa en su cara; empero, es claro que en el próximo dolor que sienta en un juego le prestará atención y no lo dejará pasar.

Esteban Valverde

Esteban Valverde

Periodista en la sección de Deportes de La Nación. Licenciado en Periodismo Social en la Universidad Internacional de las Américas. Escribe sobre legionarios.

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