Amado Hidalgo. 19 febrero

Hay formas realmente efectivas para que los futbolistas profesen respeto por sus adversarios. Meterlos en la foto del equipo rival no es una de ellas.

O tal vez sí. Pero tendría que ir acompañada de otros gestos de caballerosidad con verdadero valor. No se puede hablar de respeto al contrario si después de propinar una goleada, dos futbolistas posan con dirigentes que hacen mofa del rival.

Los fantasmas con el 29 en la espalda están bien para los aficionados, que viven entre si una verdadera batalla en episodios, con memes, muñecos, chistes, videos y todo lo que esté al alcance para disfrutar su día y amargar al de enfrente. Pero cuando un futbolista hace mancuerna con el aficionado vestido como fantasma, está irrespetando al equipo perdedor.

No hay necesidad de llamar a Manfred Ugalde “un chiquillo de 17 años que no ha ganado nada con Saprissa y lo están chineando mucho”, luego de que el jovencito provocó una expulsión, pese a la veteranía del sancionado.

Se expone demasiado a un futbolista cuando, jugando con un club, el gerente de otro anuncia que ya lo tiene comprado, pese a que el fin de semana siguiente a la declaración se enfrentan ambos equipos. Echarle a la afición encima está muy lejos de ser una muestra de respeto.

De tal manera que meter en la foto del equipo al excompañero que ahora es adversario, hay que verlo necesariamente con malicia. Mínimo, el convocado a posar queda en una situación peligrosa: si falla un penal, comete un autogol, o tiene una mala jornada, tendrá que enfrentar los reproches de su gente.

El futbol es de amigos. ¡Sí!. Pero la amistad no se manifiesta en un acto donde expones al viejo compañero ante sus nuevos seguidores. El invitado, de por sí, enfrenta una encrucijada: si rehúsa queda como un mal amigo y hasta puede que la puerta del regreso se le cierre. Si acepta, corre riesgo de que sus actuales compañeros, cuerpo técnico y afición, sobre todo, se sientan indignados.

Ya pasó con Cartaginés. Saravia y Hansen fueron obligados a hacer un doble papelón. Primero en la foto, reprochada por un mar de aficionados blanquiazules. Luego al grabar un video, pidiendo unas disculpas que en realidad no sentían necesarias.

Si los jugadores del Team quieren y respetan a sus excompañeros, exíjanles al máximo en la cancha. Pero no hagan que los Saravia, los Hansen, y todos los que vistieron la rojo y amarillo tengan que rendir cuentas por una simple foto.

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