Fanny Tayver Marín. Hace 1 día
Aparte del título, uno de los momentos más eufóricos para Raquel Rodríguez fue cuando hizo el gol que le daba el pase a la final a la Liga. Foto: Rafael Pacheco
Aparte del título, uno de los momentos más eufóricos para Raquel Rodríguez fue cuando hizo el gol que le daba el pase a la final a la Liga. Foto: Rafael Pacheco

Esa medalla de campeona nacional que Raquel Rodríguez recibió en el Estadio Alejandro Morera Soto tiene un gran significado para ella.

La delantera de 29 años ha puesto mucho de su parte para mejorar, crecer en su fútbol y ser más efectiva frente al marco.

Ella es parte de aquella generación que acudió al Mundial Infantil de Nueva Zelanda en 2008 y dos años después acudió al Mundial Juvenil en Alemania, pero tomó la decisión de hacer una pausa en su carrera futbolística. En realidad, por mucho tiempo pensó que había sido el fin.

“Decidí retirarme para poder sacar una carrera universitaria. Sin embargo, estudié varias carreras, pero no encontraba cuál era la carrera que quería estudiar. El año pasado el Municipal Grecia puso un equipo en Segunda División, yo fui parte del equipo, pero empezó la pandemia y cancelaron el torneo”, relató Rodríguez a La Nación.

Mercedes Salas se comunicó con ella y le dijo que si quería ir a hacer prueba.

“Llevaba mucho tiempo de no jugar, le respondí que sí iría y gracias a Dios me quedé. Fueron diez años que estuve sin jugar, fui a intentarlo porque sabía que eran muchos años de no jugar, la parte física no estaba como las demás, hacía tres años me había convertido en mamá. Era todo un reto también”.

“La afición exige un rendimiento. A veces no están tan informados de la vida de uno, que llevaba mucho tiempo sin jugar, que apenas iba tomando ritmo y gracias ahora al final del torneo me sentí mejor. Sé que aún puedo mejorar más, pero con el tiempo eso se va a ir dando”, Raquel Rodríguez.

En una entrevista concedida por Wílmer López, él contó que hubo un momento en el que no tenía delanteras por diferentes razones, pues María Paula Salas se había sometido a la cirugía en el brazo derecho; María Fernanda Barrantes primero estuvo lesionada y luego tuvo que hacer cuarentena y Raquel Rodríguez había tenido un accidente en su casa que le afectó la pierna.

“Fue un accidente que tuve en mi casa con mi hijo (Ian). Me golpeé un poco el pie y tuve una herida que tardó como unos 22 días o un mes en sanar y por la posición donde estaba esa herida, cada vez que me ponía el zapato me molestaba bastante”.

Hoy lo ve como una travesura que se pudo controlar, pero en el momento fue un susto enorme.

“Mi hijo se subió en la moto del papá que estaba arrancada y le dio gas, entonces tratamos de agarrarlo, me golpeé con una parte de la moto y se me hizo una herida en el dedo”, relató.

Pero Rodríguez destaca que en ese momento que la Liga necesitaba atacantes, “hubo compañeras jóvenes que durante ese tiempo lo hicieron de muy buena manera, aportaron muchísimo al equipo y logramos sacar esos resultados”.

Ian es su principal fan y a ella la motiva y la llena de fuerza saber que el pequeñito de la casa está frente al televisor viendo a su mamá jugar fútbol.

“Es algo muy bonito, a él le gusta mucho el fútbol y cuando ve que mudo para ir a jugar o a entrenar él me pregunta que para dónde voy, que si voy a jugar con la Liga y cuando le respondo que sí, de una vez me dice que él quiere ir, porque él quiere jugar con Alajuelense también”, reseñó la atacante.

Rodríguez está contenta con su evolución, pero asegura que ella misma es consciente de que puede dar mucho más.

“Desde que estaba en selecciones menores, siempre me caracterizaba por eso, por no dar una bola por perdida, por luchar cada balón, aún uno quizás sabiendo que no lo va a ganar, pero saber que lo intentó, que en una jugada diste lo mejor, pensando en que no iba a salir, pero intentarlo. Hay que luchar y dejarlo todo en la cancha, sabiendo que el resultado puede ser positivo o negativo”.

Su mejor fútbol se vio en los duelos decisivos de un torneo que quedó en poder de las leonas.

“Fue inexplicable porque los últimos partidos fueron muy cerrados, muy duros y en semifinales llevábamos 90 minutos de estar luchando y si llegábamos a penales, sabíamos que podía ser para cualquier equipo. Cuando cayó ese gol fue un desahogo tanto para mí como para el equipo, porque lográbamos el pase a la final de una manera que lo habíamos luchado los 180 minutos”, relató sobre aquel gol agónico que marcó a pura garra.

Luego llegó una final muy pareja entre Alajuelense y Herediano, que se definió desde el manchón blanco. Hoy, se siente privilegiada.

“Pensaba que ya había pasado mi época de futbolista, porque eran muchísimos años de estar inactiva, ya con un hijo, con familia, el trabajo. Sin embargo, se me abrieron las puertas y ahora les agradezco muchísimo, porque a pesar de que ha sido muy difícil, he logrado acomodarme y pude volver a hacer lo que siempre me ha gustado”.

Estudió Educación Física y trabaja en un negocio propio, es un gimnasio de pesas donde labora con su esposo.

“Siempre me mantuve realizando ejercicios en el gimnasio, tal vez ahora un poco menos, porque lo trabajamos mucho en el gimnasio del Centro de Alto Rendimiento (CAR). Solo hago lo que la preparadora física (Gabriela Aguilar) nos indica”.

En su regreso al fútbol, ella da fe de que las condiciones que habían antes no se comparan para nada con las actuales.

“De igual manera, la Liga había brindado el apoyo en años anteriores, pero no era al 100% como ahora y ese apoyo que brinda a todas las jugadoras, las condiciones para entrenar en el CAR, podemos usar el gimnasio. Nos ayuda a tener que desenvolvernos mejor, prepararnos más, entrenarnos mejor para poder devolverle a la institución todo lo que nos brindan para ser mejores jugadoras”, finalizó.

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