José Pablo Alfaro Rojas.   19 febrero

Distante de la esencia prometida, pero cercano a cumplir lo que tanto exige la feligresía en la grada: ganar, de cualquier forma, pero ganar al fin. Y cuando quien está enfrente es Tigres, con su presupuesto exorbitante y un once tan competitivo como talentoso, resulta más que suficiente con plantar cara, aún cuando haya que dejar de lado el estilo. No importa la forma, lo que importa es el fondo. Así lo entendió Saprissa fiel a su historia. Lo que importa es ganar.

Lo entendió Wálter Centeno y lo expresó Saprissa en su cancha, después de 45 minutos buenos y 90 minutos de eficiencia, con un arquero brillante: Aarón Cruz.

La S no recibió un baile, pero tampoco ganó la posesión de balón. Ni un extremo ni otro. Tigres dominó la mayoría de lapsos y generó más ocasiones de peligro, pero por poco acaba la primera parte con el marcador en contra.

Rafael de Souza pelea la pelota con Marvin Angulo, volante morado. Fotografía: Rafael Pacheco.

En el último minuto se repitió la única fórmula del ataque morado que fue efectiva en la primera etapa, cuando Rubilio Castillo cerró un centro filtrado de Christian Bolaños, el tercero que generó el volante; el artillero desvió la redonda, pero acabó por irse desviada, ante el desconcierto de Paté, de saco y corbata.

Del control felino se interpreta una realidad: juega de memoria y toca la pelota con sabiduría. Abre los espacios, penetra y se proyecta por las alas con una facilidad pasmosa. La primera etapa acabó con cinco jugadas claras de gol de Tigres, en cuenta un mano a mano del arquero Cruz con Julián Quiñones.

Ganó el portero, como también lo hizo en el inicio del segundo periodo después de un grave error de Ricardo Blanco en salida. De nuevo achicó, de nuevo ganó. Esta vez frente a Enner Valencia, que vio como el guardavallas sacó su brazo izquierdo para desviar la esférica y mandarla al tiro de esquina.

Unos minutos más tarde volvió a fallar Valencia, luego de otro fallo en salida de Michael Barrantes. De a pocos, el enfrentamiento se transformó en un monólogo de Tigres, con una inmensa repercusión de Cruz, que afinó la técnica del achique de manera en que aguantó hasta el último segundo para repeler tres mano a mano.

Mariano Torres pelea la redonda con Eduardo Vargas. Fotografía: Rafael Pacheco

Aun cuando nunca llegó a dominar del todo, Saprissa se sacudió por lapsos, cuando Mariano Torres y Marvin Angulo se juntaron para tocar y oxigenar el eje medular.

No predominó la esencia de ganar la posesión de balón, pero sí fluyó la redonda entre los creativos para esperar a que se abrieran los espacios. Tigres dominó e inquietó, pero la S no dejó de ser peligroso. Propuso cuando pudo, mató en la segunda opción clara.

El mayor mérito del anfitrión fue comprender que cuando el talento individual del adversario es superior, hay que jugar con enorme concentración y golpear en el momento justo. Faltó tino en Tigres, no así en el equipo morado, que se aprovechó de un desmarque de Johan Venegas dentro del área para anotar el 1 por 0 en un tiro de esquina.

Angulo tocó en corto, Torres lanzó un centro al segundo palo y el ofensivo morado le robó la posición a Torres Nilo para mandar la pelota a las redes con un cabezazo certero, al 73′.

Y es en el espíritu de cada jugador y en el hambre de sacar una faena que, de previo, parecía imposible, cuando las victorias alcanzan otro valor. Otro sentido.

Este martes, Paté consiguió su primera gran victoria. Denotó recursos tácticos para plasmar un juego inteligente, con consciencia de la superioridad rival.

Se defendió, peleó y ganó, como lo dicta la historia.