Daniel Jiménez. 8 noviembre, 2019
La afición morada se hizo sentir en el estadio Ricardo Saprissa, como es su costumbre. Fotografía José Cordero
La afición morada se hizo sentir en el estadio Ricardo Saprissa, como es su costumbre. Fotografía José Cordero

El estadio Ricardo Saprissa volvió a palpitar en una final de campeonato internacional 11 años después. La Cueva se comportó a la altura. Se hizo sentir en todo momento, apoyando hasta el éxtasis.

Prueba de ello fue el empuje extra que le permitió al equipo salir con la victoria de 1-0 ante el Motagua de Honduras, en el juego de ida de la final de Liga Concacaf.

El segundo compromiso será el próximo martes 26 de noviembre en el estadio Tiburcio Carias de Tegucigalpa.

El Monstruo ya había hecho estallar su casa el jueves pasado con la remontada in extremis contra Olimpia, para clasificarse a la gran final. Anoche el ambiente fue similar, ante la pasión del pueblo morado que alentó sin parar a sus hombres.

Una final es una final y el aficionado morado sabe cómo meter presión tanto al rival como al árbitro de turno, el jamaiquino Daneon Parchment, quien por cierto tuvo una regular actuación, al dejar pasar muchas faltas y el juego fuerte.

En la salida de los equipos, los aficionados tiraron globos de colores morados y blancos. También en el sector oeste se colocaron banderas de Costa Rica.

Sobre el césped el codiciado trofeo que se llevará el ganador de esta serie y que se convertirá en el mejor cuadro del torneo.

Uno de los más ovacionados fue el técnico Wálter Paté Centeno, quien saludó a los hinchas previo al compromiso. Una vez más fue figura por sus gestos a la orilla del campo de juego.

Al anunciar la formación titulas los más aplaudidos fueron Marvin Angulo, Michael Barrantes, Rándall Leal y Manfred Ugalde.

Incluso, los seguidores le dieron “un baño de cariño” al portero Aarón Cruz, quien se llevó el regocijo de la inclemente grada morada y al final fue una de las figuras claves del compromiso ante los catrachos.

Los tibaseños tenían rato de no vivir la intensidad de una final de certamen internacional, pero eso no fue problema para disfrutarla. Como cuando Paté llamó al ariete David Ramírez para que ingresara al terreno de juego: la afición de una aprobó la decisión del estratega.

La última ocasión en que los morados vivieron una final en casa fue hace 11 años, cuando empataron 1-1 ante el Pachuca de México y posteriormente perdieron la final de la Concachampions.

El hoy gerente deportivo morado, Víctor Cordero, fue quien marcó el gol del empate en esa oportunidad para los costarricenses. Los mexicanos se habían puesto arriba por medio del colombiano Luis Gabriel Rey.