Jacques Sagot. 9 septiembre

El fútbol comenzó por ser un deporte exclusivo y aristocrático, cultivado durante la segunda mitad del siglo XIX por la alta sociedad inglesa.

Durante el Mundial Uruguay 1930 se convirtió en espectáculo de masas.

Con las selecciones de Hungría y de Brasil, durante los años cincuenta, sesenta y setenta, se transformó, en el sentido estricto del término, en un arte, en coreografía, en danza, en improvisación, en poesía, en inteligencia en movimiento.

La Naranja Mecánica y la dinámica del fútbol total lo convirtieron en ciencia, durante la segunda mitad de los años setenta.

Hoy en día es un mega negocio, una colosal máquina abocada a generar dinero, una pulpería glorificada cuyo único propósito es producir riqueza a escala inimaginable.

Y esa ha sido, en síntesis, la biografía de nuestro amado deporte. La FIFA manipula cantidades de dinero que superan el PIB de toda África. El fútbol es, después del negocio de la droga, de la industria textil y de la venta y fabricación de armas, el monstruo generador de capital más grande del planeta. Traten de dimensionar las magnitudes de dinero que maneja: no serán capaces siquiera de visualizarlas: se los aseguro.

Llegó a Costa Rica durante la década de 1890, menos de 30 años después de su nacimiento oficial (1863), traído por los hijos de los oligarcas nacionales, que habían ido a hacer estudios a Inglaterra, y por los ingleses que vinieron a trabajar en la construcción del ferrocarril y del tranvía. Se practicó en Limón antes que en cualquier otra región de nuestro país. En La Sabana se organizaban partidos de fútbol, con sillas a falta de estadios y graderías: la entrada costaba una peseta para todas las localidades: primera fila, o filas posteriores. Cometer faltas o penales era considerado una afrenta al honor, una sonrojante acción reñida con el código de caballería que en aquel entonces lo regía. Anotar goles de penal era visto como algo desdoroso, carente de mérito, así que la mayoría de los ejecutores volaban deliberadamente la falta.

¡Ah, amigos, hemos cambiado tanto en nuestra concepción ética del fútbol! Algo en mí evoca esas épocas que nunca viví con nostalgia y melancolía. Lo que se fue… lo que nunca volverá. El código del honor, la limpieza moral del juego, la belleza de lo prístino e impoluto.