Roberto García H.. 1 junio
Real Madrid's French coach Zinedine Zidane gives a press conference during Real Madrid's Media Open Day ahead of their UEFA Champions league final footbal match against Liverpool FC, in Madrid on May 22, 2018. / AFP PHOTO / GABRIEL BOUYS
Real Madrid's French coach Zinedine Zidane gives a press conference during Real Madrid's Media Open Day ahead of their UEFA Champions league final footbal match against Liverpool FC, in Madrid on May 22, 2018. / AFP PHOTO / GABRIEL BOUYS

La sorpresiva partida de Zidenine Zidane de la dirección técnica del Real Madrid es una mala noticia para el fútbol, para la entidad merengue, para Keylor Navas y, por extensión, para los costarricenses, porque desde que el francés asumió el timón del equipo más famoso del mundo, ofreció confianza y decidido apoyo a nuestra máxima figura del fútbol.

La impronta de Zidane es imborrable. Prácticamente lo consiguió todo en su papel de entrenador madridista y agregó lauros indiscutibles a su, de por sí, brillante trayectoria en el terreno de juego. Al campeón mundial en Francia 98, le tocó salir por la puerta de atrás en la final entre Francia e Italia en el Mundial 2006, al responder con un cabezazo una ofensa al honor de su sangre, por parte del italiano Marco Materazzi, tristemente célebre desde entonces.

Si bien es cierto que la referencia de aquel suceso es ineludible, vale más evocar las jugadas extraordinarias de Zidane; por ejemplo, su golazo histórico con el Real Madrid contra el Bayer Leverkusen en la Champions League del 2002, y agregar a sus medallas deportivas la dimensión de un ser humano ejemplar, desde cualquier perspectiva que se le mire.

El último día de mayo nos tenía reservada esta sorpresa, inexplicable de primera entrada, pero justificadísima si se analiza y se observa con lupa el contexto en el que esta dimisión se produce. Es hermoso partir sin decir adiós, serena la mirada, firme la voz, reza una canción de Juan Manuel Serrat. Al juzgar que su ciclo terminó en La Casa Blanca, el caballero ha decidido poner el punto final. Y eso denota su carácter, su recia personalidad, la jerarquía de un hombre de fútbol que más bien parece un primer ministro cuando impone su presencia, entre el banquillo y la raya lateral del campo.

Se marcha Zidane. Queda en el arco del Real Madrid un Keylor Navas consolidado, en el punto más alto de su carrera. Está claro que el guardameta ha llegado hasta donde está por sus méritos indiscutibles, pero no podemos –ni debemos– olvidar que el estratega galo respaldó al nuestro cuando este más lo necesitaba. En esta tesitura, en mi condición de costarricense amante del fútbol, me permito expresar con sinceridad: ¡Muchas gracias, señor del deporte!