Fútbol Internacional

El adiós a Andrés Salcedo, la voz del fútbol alemán en Latinoamérica

Los relatos del fútbol alemán y el programa Telematch fueron los pasaportes que permitieron el ingreso a varios países latinoamericanos de Andrés Rafael Salcedo González, el periodista, escritor, productor, locutor, presentador y compositor musical que murió de un infarto la madrugada de este viernes en su apartamento frente al mar Caribe, en el balneario de Pradomar, cerca de su natal Barranquilla.

Vivía en Alemania Occidental y corría 1974. TransTel, la empresa con la cual trabajaba como traductor y como locutor de noticias y de documentales (también lo hacía en la onda corta de la Radio Deutsche Welle), compró los derechos de la Bundesliga para televisión. El fútbol estaba en su máximo esplendor en ese país, organizador de la Copa Mundo de ese año, que el seleccionado local, capitaneado por Franz Beckenbauer, había ganado.

“Me llegó la hora, pero por pura casualidad. Los alemanes habían contratado a José María Muñoz, el famoso narrador argentino que, a última hora, cuando ya le habían situado los pasajes, llamó diciendo que por razones familiares debía permanecer en Argentina. Ante la urgencia, hicieron un casting a las carreras en el que yo participé más bien como relleno, porque había candidatos de México, Chile y de la misma Argentina y yo no me veía todavía apto para enfrentarme a quienes ya tenían experiencia profesional. Pero, para mi sorpresa, resulté elegido y esta es la hora en que todavía no sé por qué...”, confesó en junio de 2020, en entrevista con este periodista de El Tiempo.

“Algo parecido pasó con Telematch (el nombre también se lo puse yo). Este concurso, que hoy sería definido como un reality, se llamó originalmente Juegos sin fronteras. En este caso no hubo casting, pero sí el voto favorable que recibí del productor de la serie, con quien yo había trabajado en Múnich, en los Olímpicos del 72. También aquí, como ves, llegué de carambola”. Ese relato futbolero del torneo alemán -en que apodaba a jugadores como Mateíto Matthus y Caperucita Roja Rummenigge- y ese programa -concurso que lo llevaban a su juventud- se vieron en casi toda Latinoamérica, desde México hasta Argentina, durante 15 años (1974 a 1989), por lo cual el nombre de Andrés Salcedo era muy conocido y se convirtió en un colombiano universal.

Desde infante, Andrés, nacido el 2 de octubre de 1940 en San Roque, uno de los primeros barrios levantados en Barranquilla, supo que lo suyo eran los medios de comunicación. Perder a su madre, cuando era niño, lo llevó a vivir en casa de un medio hermano de su padre, el tío Juan, a quien no conocía. El tío vivía con su esposa y ellos fueron los escuchas de sus narraciones deportivas caseras.

“No tuve juguetes ni compañeros de juego. Fui un niño solitario, solo tenía a mi disposición un viejo aparato de radio y unos pocos pero valiosos libros. Eso marcó mi vida desde sus comienzos. Quise llegar a ser locutor. Y leía sin parar, llegué a pensar en dedicarme por completo a la escritura”, nos dijo.

Aún niño, regresó a casa de su padre, más tarde se fue a estudiar becado a Corozal, municipio sucreño que en aquel entonces pertenecía a Bolívar. Al terminar, volvió a Barranquilla y, al poco tiempo, se fue a Mompox (Bolívar), donde empezó su carrera como locutor en una emisora artesanal. Fue breve. Y, de nuevo, en Barranquilla.

“En Barranquilla tuve el comienzo de casi todos los locutores de mi época, como ‘locutor relojero’ (así nos llamaban). Me tocaba dar la hora cada tres, cuatro minutos, leer boletines y cuñas comerciales, poner los discos y atender el teléfono. Después vino un peregrinaje por varias ciudades de Colombia (Medellín y Valledupar). Dejé para lo último la capital, Bogotá”.

En Bogotá, por la nostalgia que le dejó salir de la ciudad del Magdalena que en poco tiempo se convertiría en capital del naciente departamento del Cesar, surgió el más popular tema musical de otra faceta suya: la de compositor. El porro Valledupar, que grabó el maestro Lucho Bermúdez, es aún el himno en la capital mundial de la música vallenata. En la capital también componía jingles comerciales para agencias de publicidad.

“En Bogotá llegué a ser la voz del radioperiódico más escuchado del país en aquellos años, el Noticiero Todelar de Colombia y, para la misma cadena, fui voz comercial en El Campín, al lado de quien en ese momento era el dios de la narración deportiva en Colombia, el costarricense Carlos Arturo Rueda. Hicimos una llave que los más viejos aún recuerdan”.

Entonces de Bogotá saltó a Europa. Pero antes de Alemania, pasó por España, donde en 1968 obtuvo el primer premio periodístico de muchos en su vida (fue galardonado en Bolivia, Argentina y Venezuela): ‘La mejor crónica de España’, con el trabajo sobre un monólogo de un conductor, publicado en la revista económica Desarrollo. Hace año y medio le pedí copia de esa crónica y me respondió que su mujer de la época, una de las siete que tuvo (con ellas procreó seis hijos), le botó todos los archivos.

“Llegué primero a España, llevado por el amor a una mujer que deseaba vivir en ese país. En España, en plena época del franquismo, me tocó practicar el pluriempleo para poder sobrevivir. Trabajaba de sol a sol. Por las mañanas iba a Estudios Moro, donde se hacían telenovelas y yo, desde un cuartito, tenía que ‘soplarles’ el texto a los actores, provistos de pequeños audífonos de pilas, a ese oficio lo llamaban los españoles ‘apuntador electrónico’, con el paso de los meses fui ganándome importantes espacios en la Cadena SER (Radio Madrid), como locutor y actor radiofónico y también me vinculé a una agencia de prensa independiente (Hispania Press), haciendo crónicas, traduciendo cables internacionales y hasta en una ocasión escribiendo crítica de cine. Por una caracterización que hice en la SER de un personaje de la edad media alemana, me llamaron de ese país, donde estuve 22 años”, nos contó.

Desde Alemania, escribió para El Tiempo, La Nación (Costa Rica), El País (Uruguay) y Diario de Caracas (Venezuela), entre otros medios impresos. Además, transmitió informes para Caracol Radio. En su casa en Colonia recibió, durante todo ese tiempo, a cuanto colombiano llegara a esa ciudad alemana.

Entre ellos, durante la Eurocopa de 1988, al entrenador de fútbol Francisco Maturana. Al año siguiente decidió regresar a Colombia. Primero permaneció en Bogotá, donde trabajó para diversos medios televisivos y radiales. Y escribió crónicas y columnas para múltiples medios impresos. A mediados de la década del 90 del siglo pasado se radicó otra vez en Barranquilla. Fue gerente del canal regional de televisión Telecaribe y, hasta sus últimos días, su voz oficial. Siempre vivió agradecido de a Alemania.

“Gracias a la popularidad que me dio el fútbol alemán llegué a transmitir nueve mundiales de fútbol, dos para la Deutsche Welle, seis para Radio Caracas TV y uno para un canal privado de la ciudad de Medellín”.

Hombre culto, políglota, Andrés nos confesó hace poco que tenía listo su cuarto libro, sobre el cantante barranquillero Nelson Pinedo. Socio emérito de la Asociación de Periodistas Deportivos de Colombia, capítulo Atlántico (Acord), en diciembre de 2020 fue proclamado ganador del premio Abelardo Raidi, otorgado por la Asociación Internacional de Prensa Deportiva (AIPS), capítulo América. El premio se pensó entregarlo el pasado 20 de diciembre, en la ceremonia del Deportista del Año de Acord Atlántico, pero el maestro, el sábado 18 de diciembre, se excusó de asistir, argumentando que se estaba cuidando, porque no estaba vacunado.

El pasado domingo estuve cerca de su apartamento número 305 de un edificio en Pradomar, donde el 28 de febrero del año pasado lo vi por última vez. Pero como el carné Acord 2022 se me quedó en casa, desistí de llegar. Galardón y carné quedaron pendientes, como también que me mostrara cuál era la casa de la tía Rosario, sobre la carrera 54, en el Barrio Abajo, donde él, de niño, veía llegar al dominicano Diomedes ‘Guayubín’ Olivo y a los beisbolistas del Willard que tanta pasión le despertaron por ese deporte, el primer amor de su vida.

Cierro esta nota con esta respuesta suya, textual, de cómo se definía como persona: “Como persona soy un montón de nervios. Un tipo que vive disfrazando su timidez todo el tiempo. Una persona a la que realmente le duelen las injusticias, las que miro a mi alrededor, las que se cometen conmigo y aquellas que admito haber cometido yo”.