Jacques Sagot.   20 mayo

Hay una excelencia, una virtud del alma que se llama dignidad. Es elusiva a la definición conceptual. No es orgullo, no es vanidad, no es arrogancia. Más se asemeja al autorrespeto. Una vida sin dignidad es la definición misma de la miseria moral. Por dignidad, Keylor debe irse lo antes posible del Real Madrid. A pesar de sus incontables proezas y de haber jugado con las vísceras, la sangre, el corazón y los huesos, Florentino Pérez nunca lo quiso. No me interesa averiguar por qué. Él sabrá qué sórdidas, retorcidas razones lo llevaron a malquerer a tal punto a nuestro portero.

Zidane, otrora aliado de Keylor, se convirtió en un plato de babas y terminó inclinándose ante la voluntad de los jerarcas —manera donosa de aludir a una manga de burócratas glorificados—. Por otra parte, su decisión de conservar a su hijo Lucas y echar a Keylor representa un caso apestoso y reprensible de nepotismo. El nepotismo no solo se da en la esfera política: es una aberración que afecta a cualquier estructura vertical de poder (la milicia, la iglesia, una cancillería, un equipo de fútbol). Es obsceno, que Zidane corriera a proteger a su hijito Lucas, y dejara salir a Keylor. Inelegante, carente de clase, obsceno gesto de su parte. Como cuando en Francia 1998 el técnico Cesare Maldini alineó a su vástago bienamado Paolo Maldini en la selección a su cargo. Eso simplemente no se hace. Por dignidad —volvemos a nuestra palabra—, por hidalguía, por caballerosidad, porque no se puede ser arte y parte de un proceso de selección.

¿Que el Real Madrid quiere tener a Courtois en sus filas? Es natural. Fue el mejor portero del Mundial Rusia 2018. El Real Madrid siempre querrá lo mejor en su nómina. Si Keylor hubiera tenido más tiempo de juego —los cinco partidos que jugó en 2014— habría podido exhibir mejor sus excelencias. Pero los tres pinches encuentros que jugamos no le permitieron lucirse. El pésimo, deslucido, anémico mundial de Óscar Ramírez al frente de la Selección, perjudicó a Keylor, lo privó de tiempo de juego, de oportunidades de desplegar su fútbol, y es una de las causas indirectas de que hoy tenga que abandonar el Real Madrid. Un diamante engarzado en plástico siempre resplandecerá menos que uno engarzado entre rubíes.