Manuel Baltodano. 30 mayo

En Costa Rica, 152 academias imparten clases de taekwondo según un censo de la Federación Costarricense de Taekwondo, de las cuales, cerca de 20 son dirigidas por un profesor y padre de familia cuyos hijos heredan el gusto y la pasión por practicar esa disciplina.

Uno de esos casos es el de la familia Bolaños.

Rónald Bolaños es padre y dueño de una de esas academias que traspasan a sus hijos el gusto por este deporte.

Él es un deportista, especialista en entrenamiento de alto rendimiento y empresario de 50 años. Tiene 40 años de practicar este deporte y 33 años desde que fundó su propia academia llamada Doyo Yang, en San Francisco de Dos Ríos, San José.

La idea, según Bolaños, surgió cuando recién cumplió la mayoría de edad. Él competía en torneos nacionales e internacionales, sus vecinos comenzaron a interesarse en que impartiera lecciones y llegaron a pedírselo.

Bolaños tiene dos hijos: Camila, de 19 años y estudiante de Ingeniería Industrial, y Esteban, de 15, quien cursa la secundaria. Ambos comenzaron a entrenar a los tres años y hoy son cinturón negro tercer Dan en taekwondo (los Dan son los niveles de avance de un practicante con cinturón negro) y profesores de la academia de su padre.

De izquierda a derecha, Esteban Bolaños, Ronald Bolaños y Camila Bolaños, padre e hijos, una de las familias costarricenses que heredaron la pasión por el Taekwondo. Fotografía José Cordero
De izquierda a derecha, Esteban Bolaños, Ronald Bolaños y Camila Bolaños, padre e hijos, una de las familias costarricenses que heredaron la pasión por el Taekwondo. Fotografía José Cordero

“Es el resultado de predicar con el ejemplo. Ellos veían a un muchacho de 17 o 16 años que salía con el maletín a entrenar, llegaba de entrenar y no tenía problemas ni malas actitudes, entonces las mamás de mis vecinos niños llegaron a preguntar qué era lo que yo hacía y cómo podía aplicarlo a los hijos de ellos, así que empecé en la sala de mi casa, corriendo los muebles y moviendo todo en la sala. Al inicio llegaban cuatro o seis niños vecinos. Con el tiempo, se hizo grande el grupo porque se regó la bola de que Rónald estaba dando clases, entonces se llenó y ya no eran solo niños, eran muchachos y señores”, recordó Bolaños.

Ante el aumento en el número de alumnos, tuvo que mudarse de la sala al garaje de su casa, la academia siguió creciendo y debió alquilar un local en el centro de Desamparados, hasta que unos años después construyó su actual sede en San Francisco de Dos Ríos.

Sobre sus inicios en esta disciplina, el también empresario describe que fue alumno de Rándall Fernández, quien lo formó en este deporte en el que, revela, arrancó como una forma de aprender a defenderse del bullying que sufría cuando era niño debido a su estatura.

En un comienzo tomaba dos buses para llegar desde su casa en Desamparados hasta la academia en Tibás. En esa época, 40 años atrás, el taekwondo no era un deporte muy practicado en el país, razón por la cual no había tantas academias como ahora.

Ejecución de fundamentos de Taekwondo en la clase de niños de la academia Doyo Yang. En la imagen, Camila y Esteban Bolaños dirigiendo la clase. Fotografía José Cordero
Ejecución de fundamentos de Taekwondo en la clase de niños de la academia Doyo Yang. En la imagen, Camila y Esteban Bolaños dirigiendo la clase. Fotografía José Cordero

En su juventud, Rónald llevó paralelamente su carrera como deportista olímpico y atleta de alto rendimiento en taekwondo, y su carrera de Administración de Empresas con énfasis en Mercadeo gracias a becas deportivas de la Universidad de Costa Rica y la Universidad Fidélitas.

Su alto nivel y su amplio palmarés le permitieron ajustar las fechas de exámenes y trabajos para cumplir con sus obligaciones deportivas y académicas. También tuvo la oportunidad de especializarse en deporte y entrenamiento de alto rendimiento en la Unversidad de Castilla en Madrid, España.

El director, que también fue directivo del Comité Olímpico Nacional (2004-2009) y presidente de la Asociación Costarricense de Taekwondo (2005-2006), menciona que él inculcó este deporte en sus hijos como una forma de dejarles un legado, pues está convencido, por la experiencia personal, que los lleva a cosas buenas, tanto en el ámbito deportivo como en el personal. En su experiencia deportiva pudo ser atleta olímpico y campeón centroamericano, entre otros logros.

Esta es la academia de Taekwondo Doyo Yang, fundada por Ronald Bolaños. En la imagen, el entrenamiento de los niños. Fotografía José Cordero
Esta es la academia de Taekwondo Doyo Yang, fundada por Ronald Bolaños. En la imagen, el entrenamiento de los niños. Fotografía José Cordero

En el ámbito personal, destaca que esta disciplina les ha ayudado a ser más ordenados, obedientes y responsables, lo que provoca personas alegres, pues la felicidad está en hacer lo que a cada uno le gusta.

En Costa Rica, según el propio Bolaños, hay alrededor de 20 familias que tienen la misma tradición de heredar el taekwondo de padres a hijos. Sin embargo, recalca que no hay más porque en muchas ocasiones se hace forzado.

“Parte de mi legado fue iniciarlos, ellos continuaron y llegaron a ser cintas negras, si después de eso no quisieran continuar, ya no lo van a hacer, pero hoy en día son profesores”, recalca el director.

Esto lo confirma la joven Camila Bolaños, la hija del director que, con 19 años, tiene 16 de entrenar y que describe sus inicios en esta disciplina.

“Comencé desde los tres años. Desde pequeña yo veía a los alumnos de mi padre entrenando y me llamaba mucho la atención porque no se veía solo como un deporte o algo que la gente venía a hacer solo por salud, sino que también se veía que lo disfrutaban y que hacían amigos, entonces era bonito ver cómo en un deporte no solo podía conocer a más personas, sino también hacer amigos y ser saludable al mismo tiempo”, mencionó Camila.

Ella no solo entrena como parte del legado de su padre, sino que como él, forma parte del grupo de taekwondo de la Universidad de Costa Rica, gracias al cual compite en esta disciplina y obtiene una beca deportiva, como también lo hizo su progenitor años atrás, cuando pudo cursar la carrera de Administración de Empresas con énfasis en Mercadeo con beca, la cual en su momento también le permitió viajar a Centroamérica para competir en Juegos Centroamericanos y del Caribe, torneos de los que aún conserva las medallas en una vitrina de la academia.

Sobre el hecho de que su padre también sea su profesor de taekwondo, es una dicotomía que hace que él sea más exigente dentro del Doyo (área de entrenamiento) y también en la casa, donde se deben acatar las normas, vivir con base en valores como el respeto y la responsabilidad y al mismo tiempo sabe que su padre es así porque los ama y quiere lo mejor para ellos.

"Uno tiene que estar mentalizado de que dentro del área de entrenamiento, él es el director y lo que él dice se tiene que hacer, mientras que fuera ya se puede seguir con la rutina normal, hacer chistes, vacilar y verlo como papá", dice Camila.

Camila Bolaños ahora es profesora de taekwondo, tras 16 años practicando este deporte que aprendió con su padre. Fotografía José Cordero
Camila Bolaños ahora es profesora de taekwondo, tras 16 años practicando este deporte que aprendió con su padre. Fotografía José Cordero

Ahora que también funge como entrenadora, la mayor de los hermanos Bolaños destaca que le gusta enseñarle a los niños lo que aprendió, pues ella pasó por la clase de niños y recuerda todo lo que le ayudaron al inculcarle los valores y al enseñarle todos los conceptos técnicos que se aplican en el taekwondo.

"Ser entrenadora de niños es muy enriquecedor porque son tan pequeños y tan jóvenes, que además se ve que tienen muchas ganas de aprender y de absorber el conocimiento, se puede compartir con ellos, enseñarles, inculcarles una disciplina y respeto. Sé por experiencia propia lo bueno que este tipo de valores tienen cuando uno crece", afirma Camila.

Esteban, el hermano menor de Camila e hijo de Rónald, también practica Taekwondo desde los tres años y ahora también funge como instructor de Doyo Yang. En su caso, no solo se dedica a la práctica de este arte marcial, sino también forma parte del equipo de fútbol de su colegio (Lincoln School). El adolescente de 15 años considera que practicar deporte desde los tres años le ayuda en el fútbol también por la agilidad y la coordinación que se adquieren tras años de entrenamiento.

Esteban Bolaños (derecha) realiza una técnica de taekwondo Su padre, Ronald, le da las instrucciones y le sostiene el objetivo. Fotografía José Cordero
Esteban Bolaños (derecha) realiza una técnica de taekwondo Su padre, Ronald, le da las instrucciones y le sostiene el objetivo. Fotografía José Cordero

“Desde pequeño he sido muy activo y dinámico, me gusta hacer muchas actividades y esa es una de las razones por las que más me gustó hacer taekwondo. Además, mi padre fue competidor de alto rendimiento y eso me atrajo mucho también, por eso estoy siguiendo sus pasos desde los tres años”, dijo Esteban.

Como Esteban se desarrolla también en otro deporte, ha asistido a varias competiciones, pero su objetivo actualmente no es competir, aunque aclara que no lo descarta como opción a futuro. Enfatiza que ver a su padre siendo tan exitoso, él fue su motivación y gracias a él pudo tener una experiencia muy cercana al éxito, lo que considera fue su impulso para llegar a donde está y a ser cinturón negro.

El también exmiembro de las ligas menores del Club Sport Herediano destacó cómo el taekwondo le ha ayudado a ser una mejor persona, más respetuosa y ordenada, además de estar atento a los alrededores, mientras que a nivel académico ha tenido mayor capacidad de concentración y se ha podido desarrollar en todos los ámbitos y materias con su mayor capacidad.

Esta es la historia de una de las familias en las que esta pasión, este deporte y esta disciplina viene en la sangre, como se pueden heredar aspectos como el color de piel, facciones físicas y hasta enfermedades. En San Francisco de Dos Ríos está la sede de una tradición familiar, de una dinastía de personas que hicieron del taekwondo un estilo de vida.