Mercando votos

Comprar votos ha sido un “ingrediente” común en la historia de los procesos electorales en Costa Rica, aunque a veces uno suele olvidarlo o tienda a creer que es una práctica superada.

Dos hechos recientes recuerdan la vigencia de ese clientelismo, dañino para la democracia y ofensivo para el ciudadano.

A finales de la última campaña por la contienda presidencial, el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) rifó casas de interés social, que luego –según sus dirigentes– eran más bien “soluciones de vivienda” o, dicho en tilaranense, nada más materiales de construcción.

Un año después, los siete beneficiarios pasaron a engrosar el creciente número de costarricenses que, en este caso con mucha razón, desconfían de los politiquillos y quizás pasarán a engrosar las filas abstencionistas.

Otro caso, igualmente burdo, fue el canje de sufragios por comida y camisetas, al cual recurrió una regidora del cantón Central de Limón en los comicios de alcaldes y síndicos, en diciembre anterior.

Electores indígenas fueron inducidos a votar por las papeletas de Liberación Nacional. El premio se les daba una vez cumplido el ritual en la urna.

Esta situación al menos ya tuvo una consecuencia negativa para la promotora: el Tribunal Supremo de Elecciones anuló a a su partido los votos recibidos en la junta 4.927 y ella podría ser acusada penalmente.

El gran perdedor con esas prácticas corruptas es el proceso electoral, y tal parece que son muchos los dirigentes y activistas –desde quienes quieren perpetuar el linaje familiar en el poder hasta aquellos que pugnan por una cuota en el ámbito local– que trabajan por minarlo.

La democracia representativa y pluralista ha demostrado ser el mejor sistema de gobierno, mas es frecuente que sus principales enemigos son quienes se llenan la boca proclamándose discípulos y defensores.

La erosión de la confianza ciudadana abre las puertas a propuestas políticas que, como muchas veces hemos visto en Latinoamérica, derivan en remedios peores que los males.

Resulta muy difícil entender cómo, a la luz de lo que acontece en el vecindario, muchos dirigentes partidarios persistan en debilitar nuestra democracia.

Luego vienen los lamentos, como en Venezuela, donde los corruptos pavimentaron el camino a Hugo Chávez y su populismo autoritario.

¡Cuán onerosa es la factura!

Víctor Hugo Murillo S.

Víctor Hugo Murillo S.

Editor de la sección de El Mundo. Aficionado a la política internacional y la Historia. El blog "Vistazo al mundo" es un espacio para comentar asuntos de índole internacional con el propósito de facilitar la comprensión.

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