Luis Felipe Arauz. 8 junio, 2018

Me dio mucha alegría saber que el nuevo ministro de Agricultura y Ganadería, Renato Alvarado, va a actuar con firmeza en defensa del productor nacional. Nuestros agricultores, ganaderos y pescadores garantizan la alimentación nacional, generan empleo y riqueza, y dinamizan la economía rural.

Más del 70 % de nuestra canasta básica alimentaria es producida en Costa Rica, sin contar los productos de la agroindustria cuya materia prima se produce aquí en gran medida. En cuanto al número de empleos, el agro genera casi tres veces más que las zonas francas. Sin embargo, nadie protesta porque el Estado les da condiciones especiales a estas, pero algunos sí lo hacen cuando se habla de defender a nuestros productores.

El argumento de la defensa del consumidor es absolutamente falaz, simplemente se usa para justificar una posición ideológica o para disimular un lucrativo negocio

El argumento contra la defensa de nuestros productores es que importar alimentos baratos favorece a los consumidores, cuando en realidad alrededor del 70 % del precio que paga el consumidor queda en manos del comercio. Quienes protestan porque se protege a los productores no favorecen a los consumidores, contribuyen a que unos cuantos se hagan aún más ricos, mientras aumenta la pobreza en nuestros campos.

No es proteccionismo. En el caso de la restricción fitosanitaria a la importación de aguacate, se ha querido decir que es proteccionismo, pero se trata de una medida técnica dictada por el Servicio Fitosanitario del Estado. Estas medidas existen en todos los países. Si fuera proteccionismo, no estaría abierta la importación de Chile o Perú.

Permitir la entrada al país de plagas que aquí no se tienen supone un riesgo inaceptable. Tampoco el precio de los aguacates se debe a la medida. Insto al lector a revisar en Internet los precios internacionales del aguacate Hass mexicano (está caro en todo el mundo) y en Cenada (esto último lo pueden hacer enviando un mensaje SMS al teléfono 2476, con la palabra aguacate). Pero igual, el 70 % del precio al consumidor está en la cadena de intermediación.

En momentos cuando en un supermercado cobran ¢5.700 el kilo, en Cenada está a ¢1.800. El argumento de la defensa del consumidor es absolutamente falaz, simplemente se usa para justificar una posición ideológica o para disimular un lucrativo negocio.

Pero no es solo restringiendo importaciones como se defiende al productor. De hecho, la mejor manera de defenderlo es promoviendo la competitividad. Para ello debe aumentarse la productividad, agregar valor o reducir los costos de producción. Esto requiere mejores herramientas financieras, mejor comercialización, asociatividad para que los pequeños productores puedan entrar en la agroindustria y los productores dispongan de los insumos más modernos, de mayor eficacia, menor dosis y menor impacto ambiental.

En la administración pasada se reformó el reglamento de registro de plaguicidas justamente para este último propósito, a pesar de la oposición irracional de algunos sectores que no quisieron entender que, lejos de aumentar la aplicación de plaguicidas, la disminuye. Al mismo tiempo, para continuar en la ruta de una agricultura más amigable con el ambiente, se creó en el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) el Departamento de Agricultura Orgánica.

Aumentar la competitividad Renato lo ha reiterado y estamos seguros de que va a continuar mejorándola, profundizándola, corrigiendo lo necesario e impulsando nuevos procesos.

El autor es exministro de Agricultura y Ganadería.