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Una materia esencial para los estudiantes

La educación y su planificación no son temas que deban mantenerse de manera prescriptiva durante muchos años

Aunque siempre hay polémicas alrededor de toda medida tomada por un ministerio para enfrentar una crisis, me parece necesario cuestionar las que no se aplicaron en el ámbito educativo.

Cabe preguntarse si se bosquejaron nuevos planes, contenidos de estudio o habilidades en los centros educativos públicos con respecto a la covid-19, o si se mantendrá la misma planificación escolar que guiaba la enseñanza antes de la crisis sanitaria.

La educación pública funciona bajo un currículo previamente establecido y de acatamiento obligatorio. Pero ¿qué pasa con la educación cuando ocurre un acontecimiento de amplias dimensiones como una pandemia? ¿Puede esperarse que con protocolos, manuales y charlas informativas se comprenda y encare la crisis?

La educación es el acto social más primordial en la formación de los ciudadanos de una nación, pero si esta no se actualiza, el rezago en la comprensión y en la forma como deben afrontarse los cambios en la sociedad resultaría autoaniquilante.

Este año la mayoría de las escuelas y colegios regresaron de manera paulatina y combinada (presencial, a distancia y virtual), pero la parte curricular no ha cambiado, ¿acaso la pandemia no debería modificar el currículo? ¿Está bien retomar la enseñanza con los mismos planes, contenidos, procedimientos y metodologías como si la pandemia hubiera pasado y no hubiera significado mayor impacto social? ¿No nos indica la crisis que la forma de planificar la educación debería transformarse?

La política curricular del MEP se publicó en el 2016, y hay planes de enseñanza de las materias básicas que datan del 2012; Matemática, por ejemplo; del 2013, Español y Estudios Sociales; del 2016, Ciencias de primaria. Con respecto a esta última materia, ¿la enseñanza de las ciencias debe seguir basada en estos programas después de la pandemia?

No es posible aceptar un currículo desactualizado en momentos cambiantes, en tiempos cuando la sociedad local y global varia en cuestión de meses.

Aunque siempre habrá conocimientos y habilidades básicas por aprender, otras capacidades se vuelven más prioritarias después de hechos globales como el que vivimos: el aseo constante, el uso de las tecnologías, la empatía, la solidaridad, el emprendimiento, el manejo de las emociones, el análisis crítico de la información. ¿Acaso estas cuestiones no son más fundamentales en estos momentos porque mucho de lo que aprendemos suele olvidarse cuando dejamos la escuela y el colegio?

Si pensamos en educación y pandemia, ¿no surge la necesidad de incluir y priorizar habilidades y valores en los planes de enseñanza que respondan de manera más adecuada a la situación actual?

No me convence la idea de una enseñanza obligatoria y guiada por programas establecidos por un grupo pequeño de eruditos, que cuando los elaboraron no tenían la más mínima idea de que iba a ocurrir una pandemia.

Es comprensible la inexistencia de planes educativos cada año, pero no lo es continuar la enseñanza como si no existieran o no fueran a ocurrir a partir de ahora eventos como el que estamos padeciendo.

La educación y su planificación no son temas que pueden mantenerse de manera prescriptiva durante muchos años; es necesario cambiar esta idea y comprender que es indispensable un currículo flexible, actualizable y modificable cuando los tiempos así lo demanden.

yosolis7@gmail.com

El autor es educador y filósofo.