Georgina Jara Lemaire. 12 febrero

Se ha hablado mucho sobre las Guías de Sexualidad y Afectividad emitidas por el Ministerio de Educación Pública MEP). La primera pregunta que deberíamos hacernos es: quienes opinan, ¿ya leyeron las guías? Luego de leerlas, ¿las habrán entendido? Estas dos cuestiones son fundamentales porque los programas de afectividad y sexualidad son documentos orientados para los docentes, quienes se preparan para desarrollar programas y formar seres humanos según la edad de estos, sus características y contexto. No solo se prepararan para los programas de afectividad, sino también para los de Ciencias, Matemáticas, Estudios Sociales, Biología, Química y toda la gama de conocimientos que desarrollan y transmiten a los estudiantes.

Ahora bien, si los hogares forman integralmente a sus hijos en todo, surge la pregunta: ¿para qué existe la educación formal, la escuela, el colegio? La institución educativa es un colaborador en la formación integral del individuo, pretende el bien personal y, por ende, social mediante la mejora de la calidad de vida del alumnado.

Claro que la educación formal del país tenía, y tiene, que hacer algo y contribuir a la educación constante, integral y asertiva de los niños y jóvenes

Actuar a tiempo. Ante esto, el órgano rector, el MEP, debía hacer algo y tiene que seguir haciéndolo. ¿Por qué? La respuesta es sencilla, los números no mienten: 8,6% de las niñas y las adolescentes entre los 12 y los 19 años han estado en algún tipo de vínculo de convivencia conyugal; entre el 2004 y el 2014, un promedio de 32 mujeres al año murieron a manos de sus compañeros sentimentales, un 75 % de las víctimas nunca reportaron el maltrato ante las autoridades; de 316 feminicidios registrados entre el 2004 y el 2014, el 15 % fueron menores de edad; alrededor del 18 % del total de nacimientos ocurridos en Costa Rica corresponden a adolescentes madres, la gran mayoría a adolescentes entre los 18 y los 19 años; y 473 nacimientos de niños y niñas cuyas madres tenían entre 12 y 15 años.

Claro que la educación formal del país tenía, y tiene, que hacer algo y contribuir a la educación constante, integral y asertiva de los niños y jóvenes. Pero no solo ellos, todos quienes tenemos que ver con el bien social, es decir, es un asunto de todos.

Los hogares son los primeros en formar, pero ¿qué está ocurriendo? Por diferentes factores, las estadísticas siguen subiendo en casos fatídicos, es necesario mayor formación, colaboración e información asertiva y controlada, fortalecer la personalidad y autoestima de nuestros jóvenes y niños.

Como mujer, madre y profesional, me alegra que otros y, principalmente profesionales, quieran ayudarme en la función de formar a mis hijos, lo cual no implica que yo dejaré de hacerlo.

La autora es educadora.