5 diciembre, 2016

Hace algunos años un grupo de académicos de la Universidad de Costa Rica (UCR), los mismos que por mucho tiempo hemos reclamado mejoras en la educación pública, los mismos que creamos los colegios científicos y la Fundación Omar Dengo y que hemos hecho lo posible por colaborar con la calidad educativa, nos reuníamos semanalmente para darle seguimiento al tema.

Al grupo lo denominamos “el grupo de la pizza” por razón evidente, y el tema versaba sobre las causas de la mala calidad educativa, evidenciadas por las bajas notas obtenidas en las pruebas PISA y otros indicadores semejantes que el Ministerio de Educación (MEP) trataba de esconder bajo la alfombra.

En algún momento, nos dimos cuenta de que nuestra lucha desembocaba directamente en la calidad del conocimiento de los profesores de segunda enseñanza, que estudiaban pedagogía minuciosamente, pero que apenas recibían algunos cursos rápidos sobre la materia que enseñarían en los colegios de secundaria.

Sin quererlo, se formaron dos bandos que nunca dialogaron abiertamente: los pedagogistas y los antipedagogistas. Los primeros seguían ciegamente la doctrina de McLujan: “el medio es el mensaje”; los segundos insistíamos en que el mensaje debía ser la materia específica que tendría que conocerse a fondo, apoyada en métodos modernos y exitosos de pedagogía.

Mis intentos de enseñar lógica o filosofía del lenguaje en la Facultad de Docencia para intentar atacar en la secundaria el problema de la comprensión de lectura y la carencia de creatividad fueron vanos, aunque sí tuvieron eco en la Escuela de Derecho, y a veces de Economía, donde creo que fueron de alguna utilidad.

En pie. El “grupo de la pizza” sigue vivo, aunque no hemos vuelto a reunirnos. Catedráticos, que han ocupado altos cargos en distintos gobiernos, periodistas destacados, profesores en distintas escuelas o puestos en medios de comunicación, no hemos renunciado a la lucha.

El profesor debe ser muy versado en la materia que enseña, y también debe saber enseñar. Pero de ninguna manera la pedagogía es condición suficiente. “Enseñar sí, pero ¿qué?”.

El tiempo nos ha dado la razón al “grupo de la pizza”. La educación va de picada hacia abajo (¿se puede ir de picada hacia arriba?), y los resultados de las pruebas PISA, que no quieren hacer públicos los encargados del MEP, así lo demuestran, reiterándose en los estudios del Estado de la Educación que lleva a cabo el Estado de la Nación.

Las causas, las mismas de siempre: poco conocimiento de la materia que imparten los profesores de segunda enseñanza. Títulos en educación sin conocimiento de los contenidos específicos que deben enseñar. Esto, apoyado por algunos políticos clientelistas y por los sindicatos del magisterio que se niegan definitivamente a la acuciosa evaluación de los conocimientos y desempeño, con amenazas de huelga.

Calidad. ¿Politiquería y temor en un asunto de tan enorme envergadura para la patria?

Sabemos que la educación de calidad es el mejor y quizás el único instrumento que permite disminuir la pobreza, incorporar exitosamente a la gente al trabajo productivo, disminuir el coeficiente de Gini, hacer cambios innovadores en la producción para hacerla sostenible, buscar creativamente las verdaderas ventajas comparativas que tenemos en Costa Rica en un mundo globalizado.

Hoy me permito celebrar que finalmente en la UCR –mi alma mater– la Escuela de Matemática se percató de que el frío no está en el medio, sino en la escasa preparación y conocimientos que tienen los profesores de la materia. Mucho pedagogismo (¿o quizás clientelismo?) y pocas matemáticas.

Consecuentemente, la Escuela de Matemática ha decidido “duplicar” la carrera de enseñanza de las matemáticas para profesores de segunda enseñanza, ofreciendo la alternativa de formar profesores de la materia, que lleven cursos de pedagogía, pero cuyo fuerte sea el conocimiento de las matemáticas.

¡Desperdicio y duplicación! han clamado los de siempre. Desde luego que no se trata de una duplicación y menos de un desperdicio de recursos. Todas las escuelas universitarias que gradúan profesores de secundaria deberían seguir el ejemplo: profesores que estudian a cabalidad su materia y que, además, tienen conocimientos pedagógicos.

Estudios completos. Biología, estudiada en la carrera de biología donde el biólogo aprende pedagogía, pero maneja su materia a la perfección. Inglés, en la Escuela de Inglés, donde el futuro profesor se preparará en pedagogía, pero domina la lengua que enseña.

Matemática esperanzadora ” titula Iván Molina su artículo publicado en La Nación el 22 de noviembre pasado. Desde luego que esperanzadora.

Al fin van a aprender los muchachos del país a pensar lógicamente, a evaluar las premisas para obtener de ellas conclusiones, según las reglas de deducción claras.

Mi deseo como miembro del “grupo de la pizza” es que todas las carreras sean igualmente esperanzadoras y que las universidades se percaten, de una vez por todas, de que los tiempos pasan, de que la Escuela Normal de Heredia fue grandiosa en su tiempo, pero no en este donde se requieren profesores de segunda enseñanza que, además de contar con la vocación y conocimientos pedagógicos, cuenten con los conocimientos firmes de la materia que enseñan. UCR esperanzadora y señera, diría yo.

La autora es catedrática de la UCR.