Randall Centeno H.. 31 agosto

Durante la administración anterior, el Ministerio de Educación Pública (MEP), en una alianza estratégica con la Embajada de los Estados Unidos, promovió el cambio de los programas de estudio de inglés de casi todas las modalidades para que respondieran a las exigencias de nuestros tiempos. Buscó, además, un mejor desarrollo de las competencias lingüísticas en los estudiantes. Hace unos días, el actual gobierno anunció la Alianza para el Bilingüismo (ABi), cuyo fin es consolidar una mejor oferta pública en la materia.

La noticia es un aliciente y me ha motivado a compartir algunas ideas sobre el asunto, basado en mi experiencia como docente y actual asesor regional de Inglés para el MEP.

No son cambios fáciles, pero se hacen necesarios si de verdad queremos mejorar el aprendizaje

1. Es necesario nombrar docentes con dominio lingüístico certificado, en bandas B1, B2 y C1. No solo para puestos en propiedad, sino también para interinos. Hacerlo es relevante por los perfiles de salida propuestos para los estudiantes en los programas nuevos de estudio, así como por los beneficios de la exposición a un nivel de inglés de calidad.

2. Continuar el programa de formación permanente de docentes, conforme se avanza en la puesta en práctica de los nuevos programas de estudio, año con año, evaluando la posibilidad de llevar a cabo dicho proceso al inicio del curso lectivo, para que la actividad sea menos disruptiva.

3. Aumentar el número de lecciones, al menos a cinco o seis semanales en todos los ciclos de la enseñanza pública académica, sin excepción. El reciente Informe del Estado de la Educación señala que el actual número de lecciones (tres a cinco semanales) es insuficiente “para poder desarrollar las habilidades lingüísticas de los escolares en una segunda lengua”.

4. Aumentar el tiempo efectivo de lecciones. En el mismo informe anteriormente citado, se advierte sobre el “desperdicio del tiempo efectivo de clase en actividades(…) ajenas al aprendizaje”. Y siendo coherentes con este mismo punto, se puede considerar la celebración del Festival de Inglés solamente cada dos años en todas sus etapas.

5. Promover la adquisición de tecnologías digitales de la información y la comunicación (TIC) en las instituciones, así como ofrecer una eficiente conexión a Internet. Además del impacto positivo que puede tener en el rendimiento académico, esta iniciativa es coherente con la política educativa actual, que plantea una ciudadanía digital con equidad social.

6. Actualizar el programa de estudio de inglés para preescolar (transición), pues data del 2007, porque no responde a la política educativa, ni al diseño curricular actuales, y está desfasado con respecto al programa de estudio de primaria.

7. Reducir el número de estudiantes por grupo. El editorial del 16 de diciembre del año anterior, de este periódico, señala este momento histórico como una oportunidad para “reducir la población de las aulas para ofrecer mejor atención a cada alumno”, tomando en cuenta la diferencia actual en la proporción de alumnos por docente. Esta decisión favorecería, además, el proceso actual de inclusión educativa y los procesos de valoración del trabajo cotidiano.

8. Por último, considerar las características y condiciones en las cuales se preparan los estudiantes de los colegios nocturnos, en desventaja con respecto a las modalidades diurnas, y plantear modificaciones al programa de estudio o plantear proyectos similares a los de las “secciones bilingües” que tienen algunas modalidades diurnas.

No son cambios fáciles, pero se hacen necesarios si de verdad queremos mejorar el aprendizaje del inglés en nuestro país en el sector público.

El autor es asesor regional de inglés del MEP.