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Siempre hay un profesional en salud mental dispuesto a ayudar

Una persona con covid-19 terriblemente angustiada por su situación no está sola

Durante casi cinco años he formado parte de un equipo interdisciplinario de salud mental y antes laboré largo tiempo en el Hospital Nacional Psiquiátrico, mi gran escuela. En la consulta especializada en salud mental escucho historias todos los días, generalmente cargadas de mucho dolor emocional. La pandemia aumentó, lamentablemente, el sufrimiento en las personas, porque el coronavirus no solo afecta la salud física; también tiene repercusiones en la salud mental.

Voy a contarles lo que sucedió hace poco. Es un día que recuerdo perfectamente. Eran las 9:10 a. m. cuando la directora me llamó por teléfono al consultorio para solicitarme ayuda. Acababa de recibir una llamada de personal del Ministerio de Salud que se hallaba notificando a una persona que debía aislarse por dar positivo en covid-19, que estaba terriblemente angustiada y no veía una salida viable a su situación.

Había sufrido durante toda la vida, pero, debido a la pandemia, los últimos meses habían sido muy difíciles, su negocio de ventas se vino abajo y, por ende, su condición económica. Su pareja estaba desde hacía días en el hospital por la misma enfermedad, lo que le impedía trabajar.

Ese día no tenían qué comer y, al recibir una orden de aislamiento, se derrumbó emocionalmente. En la vivienda se encontraba su hija, una joven estudiante.

Decisión en segundos. Yo ya tenía a mi próxima paciente sentada en una silla enfrente de mi escritorio para iniciar la consulta especializada en salud mental.

Como coordinadora del equipo interdisciplinario debía tomar una decisión inmediata para prestar ayuda a esa persona. En ese momento pensé que lo primordial era aquella persona que sufría una crisis emocional y necesitaba intervención inmediata de profesionales en salud mental.

Fiel creyente en que la atención interdisciplinaria es eficaz e integral, pedí inmediatamente a mi compañera de equipo, profesional en psicología, que me acompañará, y sin pensarlo mucho ella accedió. Fui corriendo a donde la trabajadora social para que atendiera a la paciente que yo tenía en mi consultorio y ambas le explicamos la situación.

La psicóloga y yo salimos velozmente a recoger el equipo de protección personal para subirnos en la ambulancia. Los segundos se nos hacían horas. En el camino, la psicóloga me pidió que le explicará cómo colocarse el equipo de protección y yo, recordando las nociones básicas de mi disciplina, en cuestión de segundos pude ayudarla y colocarme el mío al mismo tiempo.

El chofer, con mucha precaución y compromiso, nos llevó rápidamente hasta el lugar, a 10 kilómetros, aproximadamente, de distancia. Las zonas rurales son de difícil acceso.

Auxilios emocionales. En la entrada de la casa permanecía el personal del Ministerio de Salud intentando, según sus posibilidades, dar los primeros auxilios emocionales.

Desde la puerta, pude ver a una persona en la sala de una humilde vivienda, que lloraba desconsoladamente, desesperanzada. Su hija, detrás, sin mucho que decir y sin saber qué hacer.

La psicóloga y yo, con el equipo completo de protección, y no voy a mentir, en el fondo con cierto temor por cómo terminaría la situación y al contagio, pensamos en nuestras familias, principalmente, miedo que poco a poco fue disminuyendo.

Ambas intentamos en todo momento que la persona se sintiera escuchada y acompañada, sin ser juzgada, y valoramos otras alternativas y motivaciones. Después de horas de intervención, buscamos en conjunto soluciones inmediatas y, finalmente, conseguimos enlazarla con los recursos de ayuda disponibles para satisfacer las necesidades básicas de la familia.

También, se le dio seguimiento al caso y atención especializada en salud mental diariamente durante una semana, y la atención se fue extendiendo.

Actualmente se encuentra muy agradecida por el tratamiento. Retomó sus negocios y está esperanzada en continuar luchando acompañada de su familia, su principal motivación.

La psicóloga y yo, que nos hemos convertido en grandes compañeras de trabajo, ocasionalmente hablamos de lo sucedido ese día, y aunque ocurre regularmente en nuestra consulta programada, no existen protocolos para todo.

Ese día entendimos que hay situaciones que nos confrontan con nuestro ser y nuestra vocación, y es normal sentir miedo, somos seres humanos, pero si de algo estoy segura es de que, como profesionales en salud y miembros de una institución tan valiosa, día tras día ponemos nuestras prioridades en segundo plano para cuidar a la gente con los recursos disponibles.

Esto es lo que nos distingue, sé que así actúa la mayoría. Donde nos encontremos, procuramos cuidar la vida y la salud integral de los seres humanos, en primer lugar. Todos deben saber que nadie está solo. Ayudar nos llena de satisfacción y principalmente de esperanza. No duden en llamarnos.

agodinezb@ccss.sa.cr

La autora es coordinadora del Equipo Interdisciplinario en Salud Mental del CAIS Siquirres.