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Schopenhauer para momentos de crisis

El ser humano debe introducir las posibilidades negativas en sus especulaciones, enseña el padre del pesimismo filosófico

Conocido como el padre del pesimismo filosófico, Arthur Schopenhauer proporciona reflexiones para enfrentar momentos de crisis, tanto internas como externas, como la actual. Dice: «Una vez que un infortunio se ha producido y no se puede remediar, no permitirse pensar que pudiera ser de otra manera: como el rey David y los elefantes capturados».

Repasemos tres sucesos simultáneos; por un lado, para darle sentido a la negatividad que ha traído consigo la pandemia, por el otro, a fin de buscar un sustento filosófico en el cual apoyarnos, porque, irrefutablemente, la covid-19 nos ha hecho experimentar, casi sin excepción, tristeza y sufrimiento.

La sabiduría en su libro El arte de ser feliz, con el cual se redime como pionero del pesimismo contemporáneo por su célebre idea de que el secreto de una vida «feliz» no es perseguir la alegría, sino buscar la falta de sufrimiento, plantea como regla 19 que «no hay que entregarse a grandes júbilos ni a grandes lamentos ante ningún suceso, porque la variabilidad de todas las cosas puede modificarlo por completo en cualquier momento; en cambio disfrutar en todo momento el presente lo más alegremente posible» es la sabiduría de la vida.

Reflexión que se apoya en la definición de sabiduría aristotélica (balance entre posturas opuestas), es decir, nos encontramos en un momento de máximo alborozo o de dolencia, efímero si se compara con el plazo entero de la vida y que, además, es uno de muchos por venir.

Aristóteles, en Ética a Nicómaco, propone la idea fundamental para la filosofía de Schopenhauer: «El prudente no aspira al placer, sino a la ausencia del dolor», pero nuestro autor ofrece un enfoque alternativo.

Para él, el previsor (sabio) es aquel que entiende que todo momento de alegría, si se enfrenta sin control, llevará indiscutiblemente a uno de sufrimiento y que este, por la naturaleza del humano, será peor.

Variabilidad. Sobre el destino, en la regla 23, para ser feliz, postula que «en la vida ocurre como en el ajedrez: en ambos hacemos un plan, pero este queda del todo condicionado por lo que en el ajedrez hará el contrario y, en la vida, el destino».

Cuántos de nosotros teníamos planeadas unas vacaciones que se cancelaron; cuántos visitábamos a nuestros abuelos semanalmente, pero hace un año no los vemos; son varios los meses sin departir con nuestros profesores, compañeros y amigos, incluso algunos ni siquiera conocen el complejo universitario; y otras repercusiones inesperadas de repente entraron en nuestras vidas y pareciera que no cesarán pronto.

Un posible consuelo es «tener siempre en mente que el ser humano no puede alcanzar más que una mínima parte de todo lo deseable y que muchos males son inevitables: así podemos soportar y renunciar».

En contra del concepto cotidiano del pesimismo, la clave para Schopenhauer es no pensar que todo será negativo, sino que es parte del destino y, por tanto, aquellos que lo aceptan encontrarán paz en situaciones desfavorables.

El fatalismo como tranquilizador consiste en que «cuando se ha producido algo malo» nadie debería permitirse siquiera el pensamiento de que pudo haber sido de otra manera. Discrepan de ello dos tipos de personas.

Los «amargados», quienes cuando tienen un 50 % de probabilidades de éxito y otro tanto de fracaso, no se alegran si ganan, pero sí se enfadan cuando pierden. Los «alegres», en la misma situación, se regocijan si ganan y no se enojan si pierden.

Preparados. Cada cual afronta los contextos y pensamientos de modo diferente. Hay situaciones que para algunos parecen ser banalidades; sin embargo, para otros son la mayor tragedia de sus vidas; el buen filósofo, en vez de ofrecer una solución absoluta, presenta reflexiones y así cada quien decide cómo tomar cada suceso.

Schopenhauer recomienda que, en vez de esconder lo malo del presente únicamente con esperanzas positivas acerca del futuro, las cuales si no suceden nos llevarán a más decepción, el ser humano debe introducir las posibilidades negativas en sus especulaciones, así podrá prevenir y, tal vez, llevarse sorpresas agradables «porque quien lo ve todo negro y siempre teme lo peor, no se habrá equivocado tantas veces en el cálculo como aquel que siempre atribuye a las cosas bellos colores».

guevaras2007@gmail.com

El autor es estudiante de Economía de la Universidad de Costa Rica.