Carlos Manuel Rodríguez.   18 enero

El 7 de enero Juan Carlos Hidalgo, en su columna “De Frente", escribió sobre lo que él considera son los inconvenientes de la denomina agenda de descarbonizacion del presidente Alvarado e hizo una hipersimplificación ideológica al decir que es “una venta de humo” “una mampara para fortalecer los monopolios estatales” y que no “ofrece beneficios concretos, sino que es onerosa y atenta contra la reactivación económica del país”. Nada más lejos de la realidad.

La descarbonización, junto con la digitalización y la descentralización en la producción energética, se plantean como las tres piezas clave para generar un nuevo modelo de desarrollo para los próximos 30 años mediante un crecimiento verde e inclusivo que nos permitirá aprovechar las ventajas competitivas del país (entre otras: una matriz eléctrica de casi el 100 % renovable, haber revertido el proceso de deforestación, una fuerte economía basada en servicios y una “marca país” verde) en un contexto global de transición energética y tecnológica, de economía circular y de la Cuarta Revolución Industrial.

La agenda de descarbonización promovida por esta administración propone cambios estructurales y disruptivos en los sistemas de transporte para la movilización de mercancías y personas

No es un tema nuevo para Costa Rica. Lo viene haciendo exitosamente hace varias décadas a través de grandes esfuerzos institucionales y financieros sin que se haya constituido en un lastre económico o social, sino, por el contrario, ha sido un buen negocio socioeconómico para el país.

Las dos fuentes principales de emisiones de carbono a la atmósfera son los sectores eléctrico y la deforestación de los bosques. Las emisiones del país en ambos casos son casi cero. Ambos logros son únicos y ejemplarizantes para el mundo.

Como referencia, a escala global se produce alrededor del 23 % de la electricidad con fuentes renovables, cuando Costa Rica, en el 2018, estuvo más de 300 días continuos sin quemar combustibles fósiles para producirla.

La descarbonizacion lograda por nuestra nación, a la fecha, en los sectores indicados, se ha hecho casi exclusivamente con recursos económicos que el país ha generado sin depender de la cooperación internacional cuando, paradójicamente, en las negociaciones internacionales existe una confrontación norte-sur por el asunto de financiamiento, ya que las naciones del G77 y China supeditan sus acciones climáticas a que los países industrializados “paguen la cuenta climática histórica”.

Así que las acciones para la descarbonización no son un costo ni un “mero bombetismo” como comentó Hidalgo, ha obedecido a la mejor perspectiva costo-beneficio que Juan Carlos mismo nos recomienda. Las empresas eléctricas han invertido más de $3.000 millones y en el ámbito forestal más de $400 millones en la transformación que el mundo señala como el estándar a seguir.

Cambios. La agenda de descarbonización promovida por esta administración propone cambios estructurales y disruptivos en los sistemas de transporte para la movilización de mercancías y personas, en los procesos de diseño, construcción y operación de edificaciones comerciales y residenciales; propone mejorar los procesos industriales, la gestión de residuos y las prácticas agropecuarias, y consolidar el uso de soluciones basadas en la naturaleza para mejorar el paisaje urbano, rural y costero. Reconocemos que los cambios podrán catalizarse a partir de estrategias integrales en procesos de formación y educación, cambios institucionales, atracción de inversión extranjera, entre otros.

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La propuesta de cambio se basa en análisis de costo-beneficio integrales: ¿Quién puede negar que el modelo actual de ciudades y sistema de transporte es perjudicial para todos, con altos costos económicos y para la salud pública, que resta competitividad a los empresarios y resta calidad de vida a todos los ciudadanos?

La agenda de descabonización prioriza ese aspecto como un tema central, cómo modernizar el transporte público, cómo fomentar el uso de tecnologías de cero emisiones, cómo fortalecer los procesos de logística, cómo avanzar hacia ciudades más compactas, densas con más y mejores espacios públicos, aceras, ciclovías, estaciones intermodales, ciudades inteligentes. Es una hoja de ruta para construir la ciudad que nos merecemos, y no la actual con alto niveles de congestión y de contaminación atmosférica.

El autor es ministro de Ambiente y Energía.