27 agosto, 2017

La Costa Rica actual, con lo bueno y con lo malo, es producto del esfuerzo de todos sus ciudadanos, los de ayer y los de hoy, pero, por lo general, el reconocimiento o el demérito de sus logros y sus carencias se le otorga o se le endilga a los líderes y a los movimientos políticos que han ejercido el gobierno.

Es frecuente, entonces, que algunos dirigentes políticos, con la interesada intención de llevar agua a su propio molino y aprovechándose del desgaste que produce el ejercicio del poder, utilicen el diagnóstico catastrofista, la crítica acérrima y la denuncia constante para responsabilizar a los “partidos tradicionales” —si con tal término identificamos a aquellos que han gestionado el gobierno— de los problemas y las dificultades, de todo lo malo que como país enfrentamos.

Esa concepción negativa y esa perspectiva pesimista, carentes de análisis dialéctico y de lógica, no reconoce los avances, los logros, lo bueno que el país ha alcanzado gracias a la gestión gubernamental de esos mismas agrupaciones políticas, porque si estas son responsables de lo malo, lo son, necesariamente, también de lo bueno.

Datos distintos. Aseguran irresponsablemente, que hoy estamos peor que antes, que desde hace treinta años el país ha experimentado un retroceso y que estamos al borde el abismo, cuando lo cierto es que todos los indicadores socioeconómicos y la realidad cotidiana descalifican tan temeraria y disparatada aserción.

Esta equivocada e injusta perspectiva, que entraña una actitud nostálgica —la cual presupone que todo tiempo pasado fue mejor, aunque las evidencias indiquen lo contrario— aunada a una sistemática campaña de desprestigio de los políticos y la política liderada por algunos formadores de opinión e importantes medios de comunicación, lamentablemente ha permeado en el ánimo de muchos costarricenses y les ha contagiado el pesimismo y la desesperanza.

En la campaña política del 2014, el Partido Acción Ciudadana (PAC), usufructuando de esa coyuntura, radicalizó su discurso negativo y reiteró la promesa de generar un cambio, de practicar una nueva forma de hacer política, de observar un radical comportamiento ético en la función pública, prédica que, como canto de sirena, logró seducir a miles de ciudadanos, quienes se decantaron por castigar a los “partidos tradicionales” y favorecer a nuevos actores políticos.

Pero lo cierto es que no ha habido un cambio sustantivo, ni hemos podido apreciar una nueva forma de hacer política y que el cumplimiento de los compromisos éticos no ha sido tan riguroso.

Garantizaron, además, que su candidato presidencial estaba preparado para gobernar y que contaban con el mejor equipo, lo que fue desmentido por la improvisación, las incoherencias y las desinteligencias que se suscitaron ya en el ejercicio del gobierno.

Justificaciones. El presidente Luis Guillermo Solís, en los primeros meses de su administración se dedicó a justificar su ineficiencia y sus errores responsabilizando a los gobiernos que le antecedieron por los problemas que enfrentaba el país, pero esa es una actitud, comprensible y aceptable entonces, que no tiene validez ni le luce después de un poco más de tres años de ocupar la silla presidencial.

Algunos de los problemas de hoy, si bien pueden tener origen en equivocadas decisiones de anteriores administraciones, también subsisten o se han agravado por la errática e ineficiente gestión que de ellos ha hecho el actual gobierno.

Si al presidente Solís le encanta vestirse con ropaje ajeno al inaugurar obras que fueron gestadas e iniciadas en anteriores gobiernos, debería también asumir la responsabilidad que le corresponde en los problemas actuales, como, por ejemplo, el del déficit fiscal, que ya no puede ser imputable exclusivamente a los anteriores gobiernos, puesto que en su persistencia y empeoramiento tiene una importante cuota de responsabilidad, por acción u omisión, la actual administración.

El gobierno del PAC deja la enseñanza a todos los costarricenses de que la facilidad con la que se critica desde la oposición, ineludiblemente topa con las dificultades a la hora de gobernar; que el discurso demagógico de la campaña política se contradice con la realidad a la hora de gestionar el gobierno; que una cosa son las buenas intenciones y otras las posibilidades de su concreción.

Después de cuarenta meses de gobernar, ahora el PAC forma parte del grupo de partidos políticos que comparten la responsabilidad por los logros y la culpabilidad por los problemas que como nación enfrentamos.

El autor es exembajador.