26 enero, 2015

Algunas empresas tienen como política no contratar parejas y, si ocurre que dos personas se conocen en el trabajo y comienzan una relación, alguna de las dos ha de renunciar. En otras, el tema de las relaciones de pareja entre trabajadores resulta indiferente.

En las universidades es frecuente que cónyuges den clases y, además, integren equipos de trabajo en la docencia y en la investigación. Por eso, no extraña que, el año pasado, otro matrimonio de investigadores haya sido galardonado con el Premio Nobel: los noruegos May-Britt y Edvard Moser (Medicina), quienes trabajan en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Trondheim (Noruega).

En el pasado, lo han recibido las siguientes parejas:  Pierre y Marie Curie (Física, 1903), Fréderic Joliot e Irène Joliot-Curie (Química, 1935), y Gerty Theresa y Carl Ferdinand Cori (Fisiología-Medicina, 1947). El caso de Gunnar y Alva Myrdal es diferente: él lo recibió en 1974 (Economía) y ella en 1982 (Paz).

Las parejas pueden ser afines o distantes en el plano laboral.

Algunas personas desarrollan excelentes relaciones de pareja y de trabajo, y otras –por políticas de empresa o por razón de sus propios oficios– no comparten proyectos laborales.

Se confirma así el dicho de que, en cuanto al amor, ¡no hay nada escrito!

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