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País debe romper con los combustibles fósiles

Los costarricenses están expuestos a contaminantes en nivel superior al establecido por la OMS. La clave está en cambiar la flota vehicular.

Un estudio reciente de la Universidad de Chicago concluye que la exposición de los habitantes en ciudades a la polución causada por material particulado reduce la expectativa de vida en aproximadamente dos años, una reducción incluso mayor que la ocasionada por el tabaco, el alcohol o la malaria.

Aunque Costa Rica es reconocida internacionalmente por su liderazgo e innovación en sostenibilidad ambiental, no está exenta de este riesgo de salud pública, pues aún cuenta con una matriz energética altamente dependiente de combustibles fósiles importados. Solo en las principales ciudades de la Gran Área Metropolitana (GAM), donde se concentra el 52 % de la población del país y el 75 % de la flota vehicular, el nivel máximo de exposición promedio anual a partículas PM10 es, en muchos lugares, superior al establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los derivados del petróleo representan, aproximadamente, un 66 % del consumo energético total del país, fundamentalmente porque el sector transporte ha crecido aceleradamente en los últimos años, y es responsable del 66 % del consumo de hidrocarburos y del 54 % de las emisiones de CO2.

Economía verde. Sin embargo, Costa Rica tiene todo a su alcance para que el transporte se incorpore a la economía verde.

En el otro extremo de la balanza, el país dispone de una de las matrices eléctricas más renovables y sostenibles del mundo. Durante el 2017, el país logró un récord histórico al cubrir el 99,67 % de su demanda eléctrica por medio de energías verdes, habiendo producido, durante 300 días ininterrumpidos, su electricidad únicamente a base de fuentes renovables.

En este contexto, promover la movilidad sostenible es una oportunidad única para que el país logre posicionarse de nuevo como un referente mundial en el proceso de descarbonización de la economía y, en particular, del transporte.

Algunos esfuerzos ya han dado frutos palpables: avanzar en el desarrollo de una estrategia nacional para la promoción de los vehículos eléctricos, con el apoyo y acompañamiento técnico del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que sirvió de impulso para la aprobación de la Ley de Incentivos y Promoción para el Transporte Eléctrico.

Asimismo, el ICE lanzó el Programa de Introducción del Vehículo Eléctrico (VE) en su flota institucional, con apoyo financiero del BID, que tiene la finalidad de favorecer la penetración temprana de los VE en el país.

El programa consta de varias iniciativas paralelas. La sustitución de 100 vehículos de combustión interna por autos eléctricos pretende demostrar a la población que estos últimos pueden satisfacer plenamente y sin limitaciones los desplazamientos de la mayoría de los usuarios.

Está prevista la instalación de más de 130 estaciones de recarga rápida y semirrápida y 110 cargadores lentos en las principales vías de comunicación del país y en los 10 parques nacionales con mayor afluencia turística para así disminuir las reticencias de los usuarios a utilizar los VE en desplazamientos largos por temor a que la batería se descargue.

Facilidades. También se ha puesto en marcha una plataforma de gestión técnica y comercial de las estaciones de recarga que permitirá a los usuarios consultar la ubicación y disponibilidad de estas, reservar los puntos de carga y hacer el pago a a través del teléfono móvil.

Junto a estas medidas, Costa Rica ha tomado la iniciativa para establecer un ecosistema del hidrógeno para el transporte sostenible, que busca la participación del sector público y privado para desarrollar proyectos piloto de soluciones de transporte verde potenciadas por el hidrógeno como vector energético.

Aprovechemos el liderazgo mundial de Costa Rica en sostenibilidad ambiental y generación renovable para que el país se sitúe, de igual modo, como referente en movilidad sostenible. Es tiempo de nuevo de que el país contribuya a romper paradigmas.

El autor es especialista regional sénior de energía del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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