Luis París Chaverri. 21 febrero

Las nuevas autoridades del Partido Liberación Nacional (PLN) tendrán el reto de superar los problemas actuales, crear las condiciones para recuperar la confianza de los costarricenses y constituirse en una opción viable para volver a ejercer el gobierno.

Los resultados de las dos últimas elecciones evidencian un declive del PLN; su base electoral es cada vez más pequeña, lo cual genera una gran incertidumbre sobre su futuro.

La falta de respuesta oportuna y contundente a los cuestionamientos de sus adversarios, sobre la gestión de los últimos gobiernos liberacionistas, cuya culpa de todos los problemas del país se les ha endilgado, es una omisión que les ha costado cara, electoralmente hablando.

Pero el reto mayor de las nuevas autoridades del PLN es poner coto a las luchas de poder internas

De igual manera, la dirigencia liberacionista no ha sabido defenderse de las insinuaciones y acusaciones puntuales de quienes, valiéndose de las desviaciones éticas de algunos de sus miembros, la presentan injustamente como parte de un colectivo político carcomido por la corrupción, donde esta es una práctica generalizada de toda su dirigencia.

La construcción de esa negativa imagen, iniciada debido a las constantes acusaciones de Ottón Solís, exministro y exdiputado liberacionista, y abonada por los excandidatos presidenciales José Miguel Corrales y Rolando Araya tras su renuncia al partido, se consolidó a partir del escándalo de corrupción de la trocha fronteriza, puesto que esas denuncias le otorgaban credibilidad al dicho de esos exlíderes del PLN.

Duro golpe. Aunque la verdad puede ser, y es otra, el daño está hecho y parece irreversible. La percepción de corruptos está institucionalizada y ha calado en la mayoría de los costarricenses.

La afirmación de que la verdad puede ser otra tiene sustento en la probabilidad de que entre las motivaciones de los renunciantes también haya existido intereses personales, como buscar vigencia electoral en otras tiendas al habérseles agotado las opciones dentro del PLN.

En cuanto a que la verdad es otra, la prueba es la reciente sentencia de sobreseimiento a favor de las figuras liberacionistas imputadas en ese caso.

Otro aspecto que ha contribuido al debilitamiento del PLN es el cuestionamiento a su orientación ideológica, expresamente, sobre la acusación de que a la hora de gobernar se ha desviado de sus principios fundacionales, crítica proveniente de algunos melancólicos quienes creen que en la actualidad se puede gobernar con las mismas herramientas de hace medio siglo, de quienes creen en la socialdemocracia como un dogma y no como una corriente de pensamiento revisionista y evolutiva, que sin perder los objetivos adecúa los mecanismos a la realidad del presente.

El grito de “volver a las raíces” externado por muchos de ellos es meramente una postura, en otros es solo una una forma de evocar el pasado porque creen, tozudamente, que fue mejor que el presente, aunque las estadísticas y los índices socioeconómicos digan todo lo contrario, y no faltan quienes repiten dicha frase maquinalmente porque ni siquiera conocen lo elemental sobre la ideología socialdemócrata.

En ese adverso panorama, asumirán funciones el 1.° de marzo los nuevos miembros del Comité Ejecutivo Nacional del PLN.

Atraer electores. Una de las principales tareas por delante es pensar y ejecutar un plan dirigido a crear capacidad para atraer votos nuevos, de “reconciliarse” con los sectores sindicales, con los pequeños productores agrícolas, con los gremios de educadores, con los empleados públicos y, especialmente, “reconquistar” a la juventud.

Es un desafío de gran dificultad por los roces entre la fracción legislativa del PLN y algunos de esos sectores a raíz del trámite del plan fiscal y la huelga llevada a cabo en su contra. La oposición responsable asumida por los diputados liberacionistas a favor de nuevos impuestos, pero con un protagonismo y una proactividad innecesarios, le generó irremediablemente un costo político al partido, al hacer aún más grande el distanciamiento con esos sectores.

Pero el reto mayor de las nuevas autoridades del PLN es poner coto a las luchas de poder internas que amenazan su existencia porque desde hace algunos años se anteponen los intereses personales, o de grupo, al proyecto común, y se relega la contienda fraterna y civilizada por la práctica del canibalismo político que busca destruir al adversario.

Los nueva cúpula liberacionista, con una combinación de experiencia y juventud, con balance en cuanto a género, tiene la responsabilidad de evitar el ocaso y la extinción de una agrupación política que en su larga historia ha contribuido al desarrollo del país y al bienestar de sus habitantes.

El autor es exembajador.