Por: Mauricio Pérez Campos.   Hace 5 días

Los zapatos de Mia Couto están tan sucios como los nuestros, sin importar la localización geográfica del ganador del Premio Camões en el 2013.

La suciedad de sus zapatos es producto del recorrido histórico que arrastra problemáticas heredadas de nuestro pasado colonial. El problema del calzado en una analogía sobre la tradición occidental para entrar a una residencia, para efectos de Couto, para entrar a la modernidad, es quitarse los zapatos.

Por lo pronto, seguiremos teniendo los zapatos sucios cuando aún no conozcamos la magnitud e impacto de los problemas que nos afectan

Es necesario quitarse los zapatos sucios y desprenderse de la irresponsabilidad al culpar a otros de nuestros males y sentir que siempre somos las víctimas, de esa visión teleológica donde la suerte sustituye al trabajo duro y al esfuerzo como forjadores de futuro; que la crítica tiene por objetivo destruir y el debate para pelear en vez de crear; ese culto a la imagen y el desprecio al pobre; el reclamo por justicia pronta para “nosotros” y el olvido de los demás; y la falsa idea del progreso como receta universal de otras latitudes.

Las críticas y reflexiones de Couto, así como la suciedad de sus zapatos, también retratan nuestra realidad, donde se critica que la falta del progreso radica en la falta de pensamiento productivo e innovador. Más escuelas, mejor infraestructura o más dinero no resolverían ningún problema si no hay un cambio de actitud, un cambio en el pensamiento, educación y maduración del ciudadano.

El individualismo carcome las bases del diálogo y la imposición de los derechos sin conocer las responsabilidades frena cualquier intento de acuerdo en las diferentes estructuras de gobierno.

Cambio para avanzar. El llamado a un cambio de actitud(es) es necesario para el avance del país, y los responsables y los afectados seremos únicamente nosotros y para nosotros.

¿Cuáles cambios? Nuestra pasividad ante los manejos administrativos deficientes de los recursos del Gobierno; la creciente violencia, tanto armada como contra la mujer producto de una estructura patriarcal, y donde la desigualdad sigue golpeando con mayor fuerza a la mujer; el déficit fiscal y una generación de jóvenes sin empleo ni estudios cuya única meta es la compra de un vehículo (casi como lo expone Couto sobre Mozambique).

Por lo pronto, seguiremos teniendo los zapatos sucios cuando aún no conozcamos la magnitud e impacto de los problemas que nos afectan, y el cambio representa una amenaza que levanta los escudos del ego y la estulticia.

Seguiremos sucios cuando la toma de decisiones no siga ninguna planificación ni seguimiento, sucios cuando damos la corrupción por sentada, sucios cuando no nos quitamos los zapatos sabiendo cómo están porque es mejor andar “descalzo que tropezar con los zapatos de otro” (Couto).

El autor es internacionalista.