25 enero, 1996

El Ministro de Educación ha revelado unos datos muy preocupantes para el futuro del país, producto de investigaciones hechas por el Ministerio con ayuda del Banco Interamericano de Desarrollo, sobre los resultados finales del sistema educativo. El 61 por ciento de los estudiantes de último año de secundaria de colegios públicos, en una prueba destinada a medir razonamientos básicos, calificó de mediocre a malo. Y en otra prueba, en que se pidió a una muestra de más de 300 profesores universitarios calificar a los estudiantes de colegios públicos que ingresaban a la universidad se obtuvieron, entre otros igualmente negativos, los siguientes resultados: 91,2 por ciento de dichos estudiantes carecen de hábitos de lectura; 86,6 por ciento tienen dificultades para deducir las ideas principales de un texto; 73 por ciento no se expresan oralmente en forma clara y precisa; 87,4 por ciento presentan dificultades de redacción y ortografía, y 79,8 por ciento presentan un pobre razonamiento lógico-matemático. Las deficiencias en la formación obviamente son enormes.

El Ministerio midió a los estudiantes de colegios públicos bajo su administración directa, pero los resultados no se diferenciarían mucho si midiera al conjunto de los colegios privados, que por mucho tiempo marcaron obligadamente el tambor que el Ministerio les tocaba de un techo máximo de conocimientos, del que muchos aún no han podido liberarse mentalmente. Tan totalitaria y completa ha sido la estupidización general lograda que se puede calificar de un antilogro de los pedagogistas, secta irracional que ha dirigido la educación nacional en los últimos decenios, y que desde hace mucho la tiene contra la instrucción. Desde Pedrarias Dávila en la conquista, o el morbo del cólera en el siglo pasado, nadie había logrado hacer tanto daño en este país.

Desde principios de los años 70, la corriente educativa conocida como "pedagogismo" -enfermedad local de la pedagogía (que sí es una disciplina seria)- ha imperado como doctrina oficial en la educación costarricense. Aunque su influencia empezó mucho antes, es entonces cuando afecta en forma más coherente y completa, en perjuicio de la verdadera pedagogía, de los docentes y los estudiantes. Su toma de los centros de poder determinantes y de los instrumentos fue completa: el Ministerio, el Consejo, la Facultad de Educación, la formación de los docentes, los programas, los métodos, los textos, etc. Por ello le corresponde la responsabilidad exclusiva de lo sucedido.

Las extrañas ideas de estos señores, acogidas sin mayor reflexión por políticos de los dos partidos mayoritarios, empezaron poco después a causar aprensión en los círculos racionales y cultos del país, porque desde finales de esa década, sus malos resultados empezaron a trascender. La prensa, y en especial este periódico, publicó a finales de los años 70 diversos resultados negativos del nuevo sistema, que debieron haber llevado a las autoridades a revisar sus supuestos.

No fue así, y más bien el Gobierno que tomó el poder en 1978 (constituido por los grupos que actualmente forman el partido Unidad), reforzó sin condiciones ni cuestionamientos el pensamiento pedagogista y el viceministro de aquel entonces pasó a ser el ministro bajo el gobierno del Partido Unidad durante los años 90 a 94.

En 1981, se verificó una investigación sobre el desarrollo de la inteligencia en estudiantes costarricenses de secundaria, patrocinada por las Escuelas de Filosofía, de Antropología y Sociología de la Universidad de Costa Rica, el Instituto para la Investigación y el Mejoramiento de la Educación Costarricense (IIMEC) de esa misma Universidad, y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que fue realizada por especialistas universitarios de alto nivel (véase publicación UCR-CONICIT de 1983, ISBN 9977 64-010-6). Tal investigación, tan sólidamente respaldada, arrojó resultados negativos demoledores, que debieron haber provocado un cambio inmediato en la enseñanza, pero no fue así.

Las investigadoras doctora Zahira Méndez y las máster Carmen Chaves y Ana Cecilia Escalante en el estudio denominado Desarrollo del Pensamiento Formal en Estudiantes de Enseñanza Secundaria del Area Metropolitana de San José, Costa Rica sometieron una muestra amplia de estudiantes de secundaria -balanceada para eliminar distorsiones socioeconómicas- a una serie de pruebas para determinar su nivel de pensamiento formal abstracto. Los resultados fueron catastróficos: se pudo determinar que, conforme los estudiantes avanzaban en la secundaria, dicho nivel de pensamiento más bien retrocedía (el pedagogismo había logrado transformar hasta ese momento sólo la secundaria, no la primaria). Y asimismo, que a la edad de los 15-16 años, en que el desarrollo físico del cerebro termina, y en que se supone que el estudio académico debe haber desarrollado un patrón de pensamiento abstracto paralelo que aproveche esa capacidad física, dicho desarrollo mental apenas lo alcanzaban una cuarta parte de los estudiantes esperables. Los resultados en Europa indican que el 75 por ciento de los estudiantes alcanzan en esa edad el nivel del pensamiento formal; en Costa Rica se encontró que apenas lo alcanzaban el 19 por ciento (cuadro 11 del Estudio), o sea, el 25 por ciento de lo esperable.

Por tanto, que el sistema condenaba -prácticamente de por vida- a las tres cuartas partes restantes a una vida mental infantiloide, en el nivel del pensamiento concreto propio de la niñez. Asimismo, que el sistema hacía progresivamente más torpes a los estudiantes, haciéndoles perder lo que habían logrado en la primaria, no afectada aún por las nuevas ideas.

Tan importante estudio, que hace 14 años señaló un fenómeno aún más grave que el que ahora indica el Ministerio, fue olímpicamente ignorado por todas las autoridades educativas. Porque, con la arrogancia propia de lo irracional y anticientífico, el pedagogismo cree con fe de iluminado que está en lo cierto, y que no puede equivocarse aunque la realidad lo desmienta.

En 1984, la ANFE convocó a destacados intelectuales universitarios a un simposio para analizar ese problema, y sus unánimes pronunciamientos, que con tonos fuertes señalaron de nuevo la existencia de un desastre, e imputaron como responsable al pedagogismo, fueron recogidos en el importante libro El modelo educativo costarricense, editado por ANFE y CINDE. También ese libro, que anticipa lo que ahora se señala, fue ignorado en la misma forma y por la misma razón.

El Ministerio, el Consejo y la Facultad de Educación, en forma misma razón. El Ministerio, el Consejo y la Facultad de Educación, en forma increíble continuaron impertérritos su marcha como si nada hubiera sucedido, y el sistema quedó igual.

En 1986 reacciona por primera vez un gobierno. El presidente Oscar Arias y su ministro de Educación Antonio Pacheco, ambos personas de gran cultura, comprenden que el pedagogismo es un error que arruina los recursos humanos del país, se le oponen como autoridades y tratan de cambiarle el rumbo a la educación. Restablecen el bachillerato e inician un proceso, por naturaleza lento, que lamentablemente es revertido por la administración siguiente de Calderón Fournier, quien nombra como ministro a un creyente del pedagogismo. Este último, tal como lo prueba su "Guía curricular para el periodo 90-94" potencia de nuevo al máximo dicho proceso patológico. El "establishment" educativo es muy fuerte y difícil de mover, aún para presidentes y ministros. Cuenta don Antonio Pacheco que esa realidad se la hizo ver un graffito en los sanitarios del ministerio, que decía: "ministros van, ministros vienen, nosotros permanecemos".

A la luz de los últimos resultados cabe preguntarse: ¿Cómo puede ser que tan importantes esfuerzos a lo largo de casi veinte años, no lograran sacar al establishment y a la maquinaria pedagogista de su sueño dogmático y de sus posiciones de poder? ¿Cómo puede ser que la tontería y el interés de unos pocos, pueda hacer impunemente tanto daño al cuerpo social? ¿Es que no hay forma de parar a esta gente? ¿Y ahora que el propio ministerio confirma la existencia del mal, nos cruzaremos de brazos y dejaremos que sigan pasando décadas sin eliminarlo? En próximos artículos trataré de contestar estas preguntas, con cuya respuesta se juega que Costa Rica se convierta o no en una nación de tontillos e ignorantes.