Mark Schultz y Philip Stevens.   4 enero

Los latinoamericanos son tan innovadores como cualquier otra persona en el planeta. Dentro de sus invenciones están la televisión a color, el bolígrafo, la primera píldora anticonceptiva oral y el primer corazón artificial.

Lamentablemente, no han tenido tanto éxito construyendo empresas innovadoras de alcance mundial. El problema yace en que a menudo no encuentran un ambiente local que facilite sus esfuerzos.

La lección es clara: los derechos de propiedad intelectual ayudan a los individuos, empresarios y pequeñas compañías a resolver problemas sociales

Comparemos eso con Estados Unidos, Europa y algunas partes de Asia, donde los empresarios hallan más facilidades para llevar sus ideas desde laboratorios universitarios o pequeños talleres al mercado internacional. Una gran diferencia es que en esas regiones hacen un mejor trabajo protegiendo los derechos de propiedad intelectual.

Inventores, artistas y empresarios necesitan patentes, copyright (derechos de autor) y marcas comerciales para construir sus carreras y negocios. Si no pueden ser dueños de sus creaciones, entonces no podrán ganarse la vida a partir de estas.

Los derechos de propiedad intelectual son la esencia de la innovación. Los países que no hacen un buen trabajo protegiéndolos, no generan grandes cantidades de empleos y no logran competir bien a escala internacional. América Latina se encuentra rezagada en este aspecto. El índice mundial de propiedad intelectual de 2018 ubica a 7 de 9 países latinoamericanos en la segunda mitad del ranquin.

Obstáculos. Los gobiernos no están priorizando la propiedad intelectual. En Brasil, los inventores deben esperar más de una década para obtener una patente, tiempo durante el cual sus inventos pierden relevancia. Otros países, como Argentina, establecen requisitos muy altos para otorgar una, en comparación con EE. UU. y Europa. Peor aún, en años recientes también se ha visto un mayor interés en licencias obligatorias o simplemente en incumplir las patentes para medicamentos urgentes.

Este tipo de situaciones les dan escalofríos a los innovadores e inversionistas. Hay muchos lugares donde se puede trabajar, se puede hacer investigación y desarrollo, se pueden establecer empresas y se pueden vender productos. La innovación es un negocio particularmente riesgoso, de tal forma que los innovadores ven estas señales con mucho cuidado. América Latina tiene mucho trabajo por delante antes de que su marco regulatorio sea tan atractivo para empresas innovadoras como lo es en EE. UU. y Europa.

Y, aun así, estos retos no han podido coartar por completo el espíritu innovador en la región. Como documentamos en nuestro proyecto Innovate4Health, los latinoamericanos han sido responsables de invenciones que les hacen frente a algunos de los desafíos sanitarios más serios del mundo. Estos incluyen la primera vacuna mundial contra el cáncer de pulmón, antídotos contra picaduras de serpientes venenosas, una incubadora para ayudar a recién nacidos en áreas rurales y un dispositivo para asistir partos complicados.

Los inventores de esos productos son individuos o pequeñas empresas. Por sí mismos, carecían de los recursos para desarrollar sus ideas en productos finales que podían ser mercadeables. El sistema de propiedad intelectual, aun con las deficiencias que tiene en sus países, les dio la oportunidad de atraer inversiones para probar, refinar y desarrollar el producto antes de su lanzamiento comercial.

Capital de riesgo. La evidencia muestra que las nuevas empresas con un portafolio robusto de patentes tienen muchas más posibilidades de recibir inversiones de fondos de capital de riesgo. Los inversionistas tienen la seguridad de que los competidores no duplicarán el invento antes de que pueda haber un retorno sobre su inversión.

La lección es clara: los derechos de propiedad intelectual ayudan a los individuos, empresarios y pequeñas compañías a resolver problemas sociales. Actualmente, existe suficiente protección de la propiedad intelectual para que algunos tengan éxito, pero no basta para darles una oportunidad a muchos otros innovadores.

Las historias que reportamos en Innovate4Health muestran el potencial de la región. Con el fin de materializarlo, los gobiernos deben poner la propiedad intelectual como una prioridad en sus agendas políticas.

Mark Schultz y Philip Stevens son coordinadores de Innovate4health, proyecto que documenta cómo los innovadores latinoamericanos están usando la tecnología para resolver problemas de salud.