David Varela Martínez. 9 mayo

Los empresarios agrícolas no piden subsidios ni otro tipo de ayudas para mantenerse artificialmente a flote. Tampoco hablan mal de los productores de otros países, pues admiten que han desarrollado la agricultura más eficientemente.

Lo que esperan son políticas amigables con el agricultor, programas de crédito acordes con los ciclos de producción, tecnología, asesoría profesional y un lugar en la mesa como a otros sectores que reciben más atención.

Gracias a los acuerdos con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) se estableció un nuevo proceso de registro de moléculas de agroquímicos. Un nuevo fungicida fue aprobado en 40 días naturales, lo que en el pasado tardaba, en promedio, el inverosímil lapso de 12 años.

Entiendo perfectamente que en la idiosincrasia costarricense respetuosa del ambiente las palabras molécula y agroquímico pueden ser indigestas, pero es un hecho fundamental que la capacidad de nuestros agricultores de competir con eficiencia y a costos para mantener su actividad a flote —incluso para reducir su huella ambiental— depende de poder usar también las herramientas y tecnologías que el resto del mundo posee hace muchos años.

Esto va más allá de los agroquímicos. En países como Brasil, Chile y Estados Unidos —contra cuyos agricultores compiten los costarricenses—, son comunes los sensores en el terreno, que miden en tiempo real la humedad y el pH, así como también los drones con cámaras especiales, que desde gran altura verifican el contenido de clorofila de las plantas para que los agrónomos sepan qué tan vigorosos están, por hectárea, por surco y hasta por arbusto. Y con imágenes satelitales consiguen trazar mapas tridimensionales del terreno con precisión milimétrica.

Por medio de esta tecnología determinan dónde, cuándo y cuánto es necesario regar, fertilizar o fumigar; también, con ayuda de tractores inteligentes y drones logran dosificar el tratamiento justo según las verdaderas condiciones del cultivo, lo cual se define como agricultura de precisión para diferenciarla de las prácticas tradicionales de aplicación de la mayor cantidad de dosis posible a todo el cultivo por falta de una mejor estrategia.

Suena futurista, pero la agricultura de precisión no es nueva y cada día es más popular; sin embargo, los expertos consideran que no es más que un hito en una jornada mucho más grande de tecnificación y adopción de tecnologías, como la Internet de las cosas, Blockchain y avanzadas aplicaciones de la biotecnología, que conducirán la agricultura a eficiencia y flexibilidad insospechadas.

Contemplar el rezago de la competitividad del sector resulta desalentador; sin embargo, Costa Rica ha demostrado que puede codearse con los mejores, no solo de la industria de dispositivos médicos o con un moderno radar espacial.

Seguir cada paso dado por los países desarrollados tomaría años. Tomemos como referencia la telefonía en Nigeria, donde regiones enteras saltaron directamente a la 4G sin haber tenido nunca líneas fijas de cobre. La penetración de los teléfonos inteligentes alcanza ya un 89 %, según Bloomberg, a la par de países desarrollados.

Entonces, ¿qué tal si enfocamos el esfuerzo integrado para reposicionar y tecnificar el agro en Costa Rica? Es una misión de gran relevancia.

El autor es ingeniero electromecánico.