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La plaza y la ciudadanía

Los proyectos de obra pública deberían ser asignados por concurso público

Dos noticias recién publicadas en el periódico La Nación permiten observar la importancia de fortalecer las relaciones entre ciudadanía, gobierno local y diseño del espacio público.

De acuerdo con una nota publicada el 17 de enero del 2016, en una encuesta hecha por la Municipalidad de Cartago, la mayor parte de los participantes y habitantes de la ciudad votaron a favor de la demolición del obelisco ubicado en la Plaza Mayor.

También nos enteramos del proceso iniciado para la intervención en la plaza, ubicada frente a las emblemáticas ruinas de la iglesia de Santiago Apóstol y del edificio de la Municipalidad, diseñado por Teodorico Quirós en el pico de su carrera como arquitecto.

La institución parece estar esforzándose por integrar a la población en la toma de decisiones, incluso aprovechando tecnologías digitales para la realización de los sondeos.

¿Por qué acabar aquí? En el diseño, la ciudadanía tendría que ser partícipe. ¿Cómo? Los proyectos de obra pública, y particularmente aquellos de índole urbana, deberían ser asignados por concurso público, en vez de quedar en manos de los departamentos internos de ingeniería y arquitectura de los gobiernos locales.

¿Por qué? Primero, porque el concurso favorece el intercambio de opiniones y perspectivas, al tratarse de un proceso abierto y transparente donde participan profesionales en arquitectura y urbanismo con diferentes antecedentes y visiones. Segundo, porque el concurso permite involucrar a la población en la toma de decisiones con respecto a la ciudad, sus lugares, sus memorias, su cultura y la manera como estos en el tiempo se transforman, sea de manera directa o a través de sus representantes bajo la figura del jurado.

El concurso público permite que los departamentos municipales refuercen su posición como entes rectores y planificadores, volviendo a su misión original y garantizando mayor eficiencia en su gestión.

Segundo caso. En La Nación del 20 de enero pasado, se anuncia la construcción de una torre de 40 pisos en el paseo Colón. No es el texto sino la imagen la que debe ser analizada.

Al observar los ciento cincuenta metros de altura en la avenida más emblemática de la ciudad, cabe preguntar por qué la animación digital o render no ilustra una plaza de ingreso de acuerdo con la escala del proyecto. Por el contrario, el edificio y sus cuarenta pisos se abalanzan sobre la acera, y las escaleras de ingreso marcan un límite como diciendo: a partir de aquí no hay paso.

No hay plaza de integración y no parece existir un espacio de transición entre lo público y lo privado. La plaza –ausente– funcionaría como colchón para minimizar el impacto de esos anunciados ciento cincuenta metros en la trama urbana.

Sabemos que un edificio de estas dimensiones debe ceder espacio a lo público. ¿Por qué? Se trata de un esquema probado una y otra vez, y que se aplica en desarrollos en todas partes del globo, cual fórmula química infalible.

El desarrollo en altura puede acarrear grandes bondades a la ciudad, siempre y cuando se geste a partir de principios básicos de diseño urbano.

El paseo Colón ha sido ya por muchos años un espacio que refleja nuestros anhelos de desarrollo: desde la estatua del presidente de “la varilla y el cemento” y las muchas casas en estilos señoriales hasta el conjunto de hospitales de una Costa Rica ansiosa por abrazar la modernidad en los años 50 y 60.

Hoy, el paseo Colón se transforma. ¿Ya pensamos cómo queremos que sea? ¿De qué manera se involucran las instituciones públicas y particularmente el gobierno local para garantizar que estos planes no se constituyan solo en éxitos comerciales sino partes activas de la ciudad, aportando espacios a la vida pública y favoreciendo la integración?

En ambos casos, ciudadanía y gobierno local tienen oportunidades para involucrarse en procesos destinados a reactivar el espacio público en lugares donde convergen necesidad de transformación, memoria y cultura. ¿Cómo nos involucramos?

La autora es arquitecta.