Pablo Sauma. 19 abril, 2018

Las pasadas elecciones nos sorprendieron a todos: dos candidatos a los que las encuestas de intención de voto en diciembre del 2017 daban muy pocas posibilidades de concretar sus aspiraciones resultaron ganadores el primer domingo de febrero y obligaron a una segunda ronda. Mucho se ha escrito sobre lo sucedido, y aún falta por escribir. A continuación, un aporte a la discusión.

En la primera ronda, Fabricio Alvarado, del Partido Restauración Nacional (PRN), no solo obtuvo la mayor cantidad de votos, sino que ganó en 37 de los 81 cantones. Carlos Alvarado, del Partido Acción Ciudadana (PAC), en segundo lugar, ganó en 31 cantones. El Partido Liberación Nacional (PLN) en 11 y el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) en 2. Vale destacar que con excepción de Fabricio Alvarado, que lo logró en 9 cantones, ninguno de los demás candidatos obtuvo un 40 % o más de los votos.

Fabricio Alvarado contó con un amplio apoyo de la población del país que tiene los mayores niveles de insatisfacción de sus necesidades básicas materiales

En la segunda ronda, el PAC ganó con amplia ventaja (cerca del 60 %) y en 62 de los 81 cantones. Por su parte, el PRN ganó en 19 cantones, los cuales presentan dos características particulares: con pocas excepciones, son relativamente pequeños poblacionalmente y predomina la incidencia de pobreza medida por el método de las necesidades básicas insatisfechas (NBI).

Este método de medición de la pobreza considera el grado de insatisfacción de los hogares en las necesidades básicas de vivienda, acceso a una vida saludable, acceso al conocimiento y acceso a otros bienes y servicios. Se utiliza aquí la estimación cantonal efectuada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) a partir del censo de población del 2011.

Gran diferencia. En la primera ronda, el PRN ganó en 19 de los 23 cantones con mayor incidencia de pobreza por NBI, el PAC en dos y el PLN en dos. En la segunda ronda, si bien el PRN aumentó el número de votos en todos los cantones del país respecto a la primera ronda, en los cantones considerados el aumento no fue suficiente para mantener la victoria en tres cantones o ganar los cuatro que había perdido en la primera ronda.

Entonces, en la segunda ronda, el PRN ganó en 16 de los 23 cantones con mayor pobreza por NBI, e incluso en los ocho con mayor incidencia, venció en ambas rondas.

Dado que los distritos electorales no necesariamente coinciden con los distritos administrativos, no es posible analizar estos últimos con el mismo detalle. Sin embargo, algunos distritos electorales coinciden con asentamientos, ciudadelas, barrios o caseríos (en adelante localidades), que se caracterizan por las carencias que padecen sus residentes.

Quince de ellos, ubicados en San José, fueron ganados en las dos rondas por el candidato del PRN: Rositer Carballo, La Carpio, Rincón Grande, Colonia 15 de Setiembre, Sagrada Familia y Villa Esperanza de Pavas; Los Guido y La Capri de Desamparados; Los Cuadros de Goicoechea; Tejarcillos, Aurora, Concepción Abajo y Concepción Arriba de Alajuelita; León XIII de Tibás y Ciudadela 15 de Agosto de Curridabat.

Población insatisfecha. Sin dejar de tomar en cuenta tres aspectos sobre los cantones y localidades con mayor incidencia de pobreza: i) que no todos los residentes en ellos son pobres; ii) que no todos los pobres viven en ellos; y iii) que no se puede afirmar que todos los pobres residentes en ellos votaron por el PRN, ni que todos los que en ellos votaron por el PRN son pobres; las cifras mostradas previamente permiten concluir que el candidato del PRN, Fabricio Alvarado contó con un amplio apoyo de la población del país que tiene los mayores niveles de insatisfacción de sus necesidades básicas materiales.

¿Por qué motivo el PRN ganó en esos cantones y localidades? Corresponde a los analistas dar respuesta, profundizando en aspectos como el papel de las Iglesias evangélicas en los territorios con mayor pobreza, el posible desencanto de los pobres con los partidos tradicionales, así como la invisibilización de los programas estatales de atención a los pobres versus los apoyos específicos de estos grupos religiosos, entre otros.

El autor es economista.