Foros

La “difícil” ortografía del español

 ¿Es tan difícil de aprender la ortografía del castellano?

¿Por qué tanto texto, público o privado, mal escrito? Me refiero únicamente a faltas ortográficas, que lo del estilo ya es otro tema digno de atención. Parece que los cacógrafos forman legión: basta con ver tanto rótulo callejero; tanto anuncio publicitario de a millón la página, inclusive; tanto reportaje periodístico; tanto correo electrónico, y tanto documento tipo diapositiva corrida que llega por ese medio, para que uno caiga en la cuenta de que el mal cunde.

Como recurso extremo, hay quien trata de eludir las tildes mediante el doloso recurso del uso exclusivo de mayúsculas, lo que no solo es fatigoso para el lector, sino grave falta de cortesía para este. Es que ahora todo el mundo cree que puede escribir sus pensamientos así, sin ton ni son, como si no existieran ciertas reglas para ello.

Reglas claras. ¿Es tan difícil de aprender la ortografía? Veamos: podemos simplificar la situación empezando por aprender las reglas relativas al acento gráfico o tilde. Esto es elemental y ya desde la escuela es tema de estudio. Las reglas son clarísimas en cuanto a cuándo tildar tratándose de palabras agudas, graves o esdrújulas: aprendidos estos términos y unos pocos ejemplos, no tendría nadie por qué escribir, erróneamente, por ejemplo: exámen, crater, Poas, indigena.

Otro aparente obstáculo lo representa la tilde diacrítica, la que nos permite distinguir entre ciertas palabras como el afirmativo y el si condicional, o entre el (pronombre personal) y el tu (adjetivo posesivo). Igual que en el caso anterior, lo único que se requiere es conocer algo de la terminología básica que se nos enseña desde la escuela (qué es un adverbio, un pronombre, un adjetivo, etc.), aprenderse las elementales reglas y practicar con numerosos ejemplos.

Por último tenemos algunas dificultades mayores, como son la confusión que se da en sonidos similares o iguales como en el uso de la s y la z ( casa , caza ); de la s y la c ( persecución , percusió n); de la h ( huérfano y orfanato , ha propuesto y a propuesta de); el uso o no de la u con diéresis ( guaba ; pero agüero , güisqui ); de la b y la v ( vibrar , abrevar ); de la ll y la y ( pollo , poyo ), etc. La lectura de buenos autores ayuda mucho en este caso.

Escasa motivación. Todo lo anterior, por supuesto, no agota el tema. Tal vez lo que cabría preguntarse es por qué tanta gente incurre en errores fácilmente evitables. La respuesta es compleja, pero no cabe duda de que hay dos factores ineludibles: el primero es la escasa motivación y el poco interés del que aprende, así como la posible impericia del que enseña (maestros, profesores y escribidores cacógrafos forman legión); el otro, sin duda el más importante, es el escaso o nulo interés por la lectura, que ya se nota desde los primeros grados de la escuela.

La lectura en esos primeros años no solo abre al niño un nuevo mundo a su imaginación, sino que le aporta un vocabulario riquísimo, inexistente posiblemente en su mundo habitual: no se puede negar que el encontrarse repetidamente con palabras como exuberante , hinojo , testuz , alcazaba , ahuehuete , borceguí , etc., va dejando una impronta en su cerebro capaz de reproducir su escritura correctamente tan pronto le es requerido. Incluso cuando las palabras son totalmente desconocidas, este niño al que se le dictan, ha desarrollado una especie de sexto sentido que le hace dar con la grafía correcta con un notable porcentaje de aciertos. Este aprendizaje inconsciente mediante la lectura es, desde luego, mucho más agradable que el aprendizaje de complicadas reglas ortográficas.

Por último, aunque el español no es una lengua estrictamente fonética, lo es mucho más que el inglés, el francés y el italiano. Ábrase un diccionario de cualquiera de estos tres idiomas, y tropezaremos con algún tipo de pronunciación figurada, indicativo de cuánto difieren el signo oral y el escrito. No ocurre lo mismo con un diccionario de español, lo cual contribuye mucho a hacer menos difícil la escritura en nuestra lengua.

LE RECOMENDAMOS

En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores para comentar sobre el contenido de los artículos, no sobre los autores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.