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La corrupción empieza por las personas

La lucha contra la corrupción empieza por cada uno de nosotros, adquiriendo una postura personal en contra de ella. Se dice que las pequeñas faltas crecen con el tiempo

Difícil cosa es ser prontos para escuchar y lentos para hablar. Qué fácil es desprestigiar y difamar. Definitivamente la hipocresía no produce rectitud. No así proceder honradamente, justamente. Ser sincero en todas las palabras. Ponerlas por obra. Algunos condenan a los partidos por ser corruptos y no se miran al espejo. Se dan la vuelta al instante y se olvidan de cómo son. No hay partidos incorruptos pues la corrupción está en las personas. No en sus banderas. Aún en los gobiernos en que se han dado niveles importantes de corrupción ha habido personas decentes, rectas y honradas. Personas que no se han vendido ni han comprado falsas voluntades.

La política sin ética genera corrupción. Esta fractura se da en las personas y engendra una injusticia que agranda las desigualdades sociales. La realidad nos comprueba que las medidas legales no bastan para combatir la corrupción. Me atrevo a decir que algunas veces la llegan a promover. Hay que saber llegar antes. Ser preventivos por medio de una educación que promueva los valores éticos en la familia y en la escuela desde edades tempranas. Necesitamos actuar en las personas. Cuando carecen de principios son potencialmente propensas a corromper el poder público haciendo un uso indebido de este. Ya afirmaba Lord Acton que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.

Prevenir implica conocer. Conocer los factores que la hacen posible. Expertos afirman que entre ellos destacan: tolerancia social hacia una «cultura» de la ilegalidad; sensación de impunidad derivada de ordenamientos jurídicos que no castigan severamente las conductas corruptas; falta de leyes de transparencia; y ausencia de valores éticos. Mencionan que se debe promover la despolitización de los órganos constitucionales; reducir el número de aforados; prohibir legalmente la posibilidad de conceder indultos por corrupción; disminuir el clientelismo político, reduciendo a tal efecto la cantidad de cargos de libre designación; o prevenir la corrupción a través de la educación de los ciudadanos, fomentando medidas para que en los distintos niveles educativos se introduzcan conceptos y materias relacionados con la ética, los valores, la transparencia y la integridad.

Varios profesores de diferentes universidades, agrupados por la Cátedra Ethos de la Universidad Ramon Llull, elaboraron en 2012 el primer Código Ético para Políticos. Este código se inspira en el espíritu y la letra de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (10. XII. 1948). Manifestaron que con el código querían recuperar la unión entre ética y política. En el preámbulo se dice que la salud democrática de una nación depende, en buena medida, de la calidad ética de sus ciudadanos y de sus representantes políticos.

El fortalecimiento de las instituciones políticas y su credibilidad depende, en gran medida, de la confianza que sean capaces de generar a la ciudadanía. Esta confianza se gana con buenas prácticas. A través del ejercicio de virtudes cívicas. Gerardo Castillo Ceballos, profesor del Departamento de Educación de la Universidad de Navarra, menciona varios principios éticos propuestos por este Código: «Justicia: dar a cada cual lo que le corresponde y buscar en todo momento la defensa de la equidad; respeto: tratar con consideración a todas las personas e instituciones, sin prejuicios ni discriminaciones; servicio: tener una actitud de disposición hacia los ciudadanos y también una visión de conjunto de las necesidades de la sociedad; responsabilidad: asumir las consecuencias legales y morales de las acciones y omisiones pasadas y presentes; profesionalidad: desarrollar la profesión con dedicación y eficacia; transparencia: facilitar el acceso de los ciudadanos sin barreras, a las informaciones de su interés».

Dejémonos de poses e hipocresías. La lucha contra la corrupción empieza por cada uno de nosotros, adquiriendo una postura personal en contra de ella. Aquí nos jugamos todo. Se dice que las pequeñas faltas crecen con el tiempo. Si se repiten nuestras normas éticas se van relajando. «Quien no actúa como piensa, acaba pensando cómo vive, silenciando así su conciencia moral». La corrupción empieza por las personas. Y las personas también podemos rectificar.

hf@eecr.net

La autora es administradora de negocios.

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