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La 5G será libre

La quinta generación de tecnologías de telefonía móvil permaneció largo tiempo en estado fetal en el edificio de la Sabana

Por fin asomó la intención de rescatar la tecnología 5G de las cavidades del ICE para ponerla en manos de su legítimo dueño, el Estado costarricense.

Habremos de esperar unos meses para que el propósito sea una realidad, y entonces las actividades públicas, privadas y personales serán puestas, en un futuro, en una autopista de carril ancho y gran velocidad.

Semejante revolución nacional de las redes móviles no nos llega tarde: permaneció largo tiempo en estado fetal en el edificio de la Sabana y la labor de parto para el alumbramiento tardará ciento ochenta días.

El ADN de la nueva criatura tecnológica es en verdad novedoso y puede almacenar una cantidad y calidad de información que nuestro cerebro caería en el pecado de la imprudencia si intentara hacer lo mismo.

El más básico atributo de la tecnología 5G es su velocidad. No es un concepto ajeno para el ser humano: desde los tiempos prehistóricos, la rapidez fue sinónimo de supervivencia.

Rapidez para dar caza a la presa y velocidad para no convertirse en ella; instinto veloz para otear y oler el peligro. Ahora también se trata de perdurar en un mundo donde la comunicación, los negocios, los contratos y las transferencias se mueven en las alturas, a velocidades vertiginosas y no orgánicas.

Otra cualidad del ADN de la tecnología que llegará es la latencia, es decir, que el tiempo de respuesta de la red cuando usted acceda a ella ¡será de solo cinco milisegundos!

Como mi vida ya se cuenta más de seis veces por decenas de años, mi roído juicio es incapaz de concebir semejante intervalo. Sin embargo, estoy seguro de que supera por mucho “las pegas” y el paso cansino de algunas redes móviles actuales, lo que constituye una noticia dichosa para actividades como el turismo, el comercio y las empresas de exportación e importación.

El tercer atributo de los genes informáticos de la 5G es que garantiza una mayor seguridad en la transmisión de datos en virtud de que la red controla con más facilidad todos los accesos a ella, lo cual le permite detectar en tiempo real las ominosas amenazas que puedan embestir un programa informático.

Esta cualidad trae un promisorio alivio a las instituciones que fueron víctimas recientes de torrenciales ataques cibernéticos y garantiza un buen nivel de seguridad a los sensibles datos públicos y de empresas privadas.

Otra propiedad es la extensa capacidad de conectividad en vista de que muchos dispositivos estarán conectados a la red. Por ejemplo, los incansables y descerebrados robots usados en las industrias mecánicas, de ensamble, de productos farmacéuticos, etc.

Y el ámbito de la conectividad también irrumpirá hasta su casa atravesando la puerta de la banda ancha para vincular digitalmente la refrigeradora, la cocina, la lavadora y otros dispositivos.

Algunos amigos del presente me han informado que ese futuro doméstico ya es una realidad en muchos hogares y que el asistente virtual tiene nombre.

Ignoro qué cosas hará, pero mi desconocimiento no amedrenta el entusiasmo con que lo recibiré (o conectaré) en mi casa para que asuma con virtual diligencia sus deberes mientras yo esté ausente.

Por último, la tecnología de quinta generación organizará las ciudades haciéndolas más inteligentes, por ejemplo, en la supervisión de la infraestructura y el tráfico vial.

Desde ya sugiero que la sesuda inteligencia se concentre con ojo avizor en el cruce de La Galera, en Curridabat, en La Uruca y en la salida de Heredia, donde la congestión vial adquiere el preciso término costarricense de “molote de carros”.

Y ya que la descarga de inteligencia de la 5G se expandirá en todas direcciones en nuestras ciudades y cantones, confío en que una candente chispa llegue hasta las municipalidades para que el despilfarro de recursos mude de la irracionalidad a la cordura.

He mencionado varias ventajas de la tecnología que el ICE retiene celosamente y cuyo imperio finalizará en unos meses.

¿Cuáles han sido las razones de tan grande e inútil custodia? ¿Acaso el ICE padece las viciosas enfermedades de pasmo, sosiego y cómoda laxitud que, como una espesura, paralizan el vigor de algunas instituciones públicas?

Si en verdad queremos seguir siendo un país “pura vida”, entonces, esta es la hora de inyectarle a esa vida presteza, creatividad y conectividad institucional y social que nos haga encaminarnos a todos hacia un porvenir mejor.

alfesolano@gmail.com

El autor es educador pensionado.

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