26 mayo, 2014

El funcionario público es una persona con su pasado a cuestas y en su circunstancia. Por ejemplo, la ahora exministra de Salud, Dra. Daisy Corrales, fue médica antes de ser ministra, durante el ejercicio de su cargo y, ahora, lo sigue siendo. Todo acto en el ejercicio de su deber lo hizo como ministra sin poder sustraerse de su condición de médica, lo cual, posiblemente, fue indispensable para su nombramiento.

Entonces, la persona que ejercía en el Ministerio de Salud era médica y ministra a la vez, y en esa doble condición pasó a la historia patria como la persona que pretendió “patologizar” la homosexualidad al declarar de interés público un Congreso que traía al Dr. De Irala, promotor de curas que son combatidas por la Organización Mundial de la Salud. La Sala Constitucional debió anular tal declaratoria por violar derechos humanos fundamentales.

Otro ejemplo al respecto es el de un caso informado por la prensa: la Dra. María Luisa Ávila, cuando era ministra de Salud, se bajó de su carro oficial para atender un accidente en carretera: ¡inseparable condición de médica y ministra!

De igual forma, no creo que un pastor, un sacerdote o un rabino puedan sustraerse de su condición, y, por ello, conviene un Estado laico.

¡Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios!