Alberto Morales. 15 febrero

Durante la reunión con obispos centroamericanos, en la Jornada Mundial de la Juventud 2019, en Panamá, el papa Francisco hizo la siguiente reflexión: "(los jóvenes) se encuentran sumergidos en situaciones altamente conflictivas y de no rápida solución: violencia doméstica, feminicidios, bandas armadas y criminales, tráfico de droga, explotación sexual de menores y de no tan menores, etc., y duele constatar que en la raíz de muchas de estas situaciones se encuentra una experiencia de orfandad fruto de una cultura y una sociedad que se fueron ‘desmadrando’. Sin madre, los dejó huérfanos. Hogares resquebrajados tantas veces por un sistema económico que no tiene como prioridad las personas y el bien común y que hizo de la especulación ‘su paraíso’ desde donde seguir engordando sin importar a costa de quién. Así, nuestros jóvenes sin hogar, sin familia, sin comunidad, sin pertenencia, quedan a la intemperie del primer estafador”.

En nuestro país, niños y adolescentes son una población vulnerable y con mayor frecuencia afronta condiciones de vida adversas en comparación con los adultos; como ejemplo, mientras el nivel de pobreza general para Costa Rica es de un 20 %, esta afecta, aproximadamente, a uno de cada tres menores de edad, lo que equivale a 486.000 personas; de ellos, 154.000 se encuentran en pobreza extrema. Ronda el 50 % cuando se habla de niños y adolescentes residentes en zonas rurales, costeras o marginales.

Independiente de nuestra ideología o creencias, parece claro que el modelo social en el que nos embarcaron no ha respondido a las necesidades esenciales del ser humano

Adicionalmente, 180.000 son ninis; un 5,4 % son mujeres dedicadas a labores domésticas no remuneradas y un 22,9 % solo trabaja. En una situación como la actual, en donde solo un 48 % de las personas de 18 a 24 años (307.000) termina la secundaria, la desventaja es evidente.

Afectación social. Como plantea el Octavo Informe del Estado de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia (EDNA), elaborado por la Universidad de Costa Rica y la Unicef “esta situación es a todas luces vergonzosa e inaceptable desde un punto de vista de los derechos de los niños y adolescentes, consagrados en la Convención de los Derechos del Niño, además de que afecta a la sociedad en su conjunto, pues una proporción tan grande que vive en pobreza tiene menores probabilidades de desarrollarse plenamente, lo cual hipoteca el futuro de toda la nación”.

Joseph Stiglitz, premio nobel de economía en el 2001, ha enfatizado que: “Durante las últimas décadas se han adoptado políticas que han causado que la economía se torne salvajemente desigual, y deja a los segmentos más vulnerables de la sociedad cada vez más atrás. La creciente concentración de la riqueza y una reducción de impuestos sobre la riqueza se traduce en menos dinero para invertir en educación y protección para niños”.

“Pero las políticas adecuadas, como redes de protección social fuertes, aplicación de impuestos progresivos y una mejor regulación del sector financiero pueden revertir estas tendencias devastadoras. Podemos reducir las privaciones que se sufren durante la infancia y con ello aumentar la igualdad de oportunidades“, sostiene Stiglitz.

Retroceso. Costa Rica es uno de los países donde más se ha incrementado la desigualdad en los últimos años en América Latina y “se puede esperar que sean los niños y adolescentes uno de los sectores que sufran con mayor rudeza sus consecuencias, lo que exige acciones decididas y vigorosas para cambiar este panorama ciertamente sombrío que se cierne con particular amenaza sobre esta población”, según el EDNA.

Independiente de nuestra ideología o creencias, parece claro que el modelo social en el que nos embarcaron no ha respondido a las necesidades esenciales del ser humano. Si bien la justificación ha sido que no podemos vivir aislados de un contexto mundial de globalización, también es cierto que como país Costa Rica ha demostrado posibilidades de un camino diferente.

Ese camino no puede seguir destruyéndose y debemos continuar defendiendo un fuerte sistema educativo, un sistema de protección vigoroso para la niñez y la adolescencia, un sistema de salud solidario y universal, una economía regulada e inclusiva y una defensa a ultranza de los más débiles y desposeídos. Pienso que es la forma de detener el “desmadre” al que se refería el papa Francisco.

El autor es médico pediatra.