Iván Espinoza Guerra.   3 julio

Después de la pandemia, los países de América Latina y el Caribe, así como Canadá y Estados Unidos, deberían sentarse juntos, de una vez por todas, y crear un poderoso bloque con el fin de proceder al rescate inmediato de las economías del continente y pensar en una poderosa unión.

Será después de la pandemia porque en estos momentos los jefes de Estado se encuentran atendiendo problemas sanitarios.

El asunto es extremadamente complejo y los líderes del continente deben trabajarlo con el cerebro frío. Así es, señores, es hora de pensar en una verdadera unión americana.

La asociación a la cual me refiero va más allá de organizar cumbres cada tres o cuatro años y firmar documentos y declaraciones que al final quedan en nada.

El mundo debería ver las Américas como el bloque comercial, cultural, económico, democrático y político más potente de todos los tiempos

No se trata de países latinos y del Caribe solicitando ayudas para la ejecución de proyectos, como siempre se ha hecho, sino de un trabajo en equipo, como el pulpo y sus tentáculos.

A pesar de que la mayoría de los países del continente tienen excelentes relaciones con Canadá y Estados Unidos, no es suficiente. Hace falta promover una agenda común, como lo hicieron en su momento los países de la Unión Europea.

Para llegar a un consenso como los europeos, pasarán muchas décadas, es verdad, pues los países latinos y del Caribe todavía no se desarrollan y varios son extremadamente pobres; sin embargo, Canadá y Estados Unidos, como las únicas dos naciones desarrolladas del continente, podrían empezar a formar esta unión con los más preparados y estos, a su vez, a crear mecanismos para contribuir con los menos afortunados con el propósito de incorporarlos.

Habrá quienes pondrán como límite a la “unión” —que sería principalmente económica, cultural y de trasiego de mercancías y personas más eficientemente— el idioma, mas no es excusa, pues uno de los puntos de la agenda en común deberá ser un vigoroso plan de enseñanza del inglés en las escuelas latinas y de español, en Estados Unidos y Canadá.

Por otro lado, el sentimiento de nacionalismo aflorará en muchas personas, sin ninguna duda. Simplemente quien desee integrarse que lo haga.

Producto de esta alianza surgirían oportunidades de empleo, estudios y superación, una forma de pleno desarrollo para los individuos en sus respectivos países, y, créanlo o no, las personas saldrán de sus naciones como turistas o a intercambios culturales, educativos y profesionales.

Lo aquí expuesto suena a cuento de hadas, pero los líderes del continente lograrían sacar adelante a una gran cantidad de personas en sus propios territorios porque perseguirían un solo fin: la prosperidad económica y social de los habitantes del continente americano.

El autor es administrador de empresas.