Luis Javier Castro.   10 octubre

Costa Rica ha sido protagonista en la escena mundial: el presidente participó en la cumbre climática, el país recibió el premio Champions of the Earth por nuestra trayectoria y fuimos anfitriones de la Pre-Cop25 esta semana.

Lo anterior no es casualidad. Nuestro país decidió hace más de 70 años apostar por la sostenibilidad. Nuestra matriz energética es prácticamente el cien por ciento renovable, casi un 30 % de nuestro territorio es protegido y alberga el 3 % de la biodiversidad del planeta, hemos sido la única nación del hemisferio sur en revertir el grave problema de la deforestación, utilizando sistemas de pago por servicios ambientales, ahora, de uso global.

Es fundamental que el sector privado y el Estado cobremos conciencia de que para lograr los objetivos balanceados, desde el punto de vista ambiental y económico, debemos cambiar paradigmas del pasado.

Soy un convencido de que somos privilegiados por estar vivos en este momento de la historia de la humanidad...

En los últimos 300 años (Revolución Industrial), hemos hecho cosas maravillosas. La democracia moderna, el libre mercado y el capitalismo nacieron como fuerzas creadoras que han sacado a millones de personas de la pobreza; los niveles de salud y la expectativa de vida han aumentado considerablemente; estamos hiperconectados, y generamos posibilidades enormes de creación de conocimiento, el cual desarrolla, mediante el ingenio humano, una serie de tecnologías exponenciales (3D, Crispr, virtual reality, biotecnología, etc.) que prometen soluciones a muchos de los problemas que afrontamos.

Puntos flacos. Sin embargo, en ese mismo periodo, nuestro sistema ha generado también grandes problemas: contaminación de ríos, acidificación de los mares, extinción de más del 50 % de las especies en los últimos 40 años, polución y, sí, el calentamiento global. Además, hemos producido grandes riquezas, pero una inequidad cada vez más grande.

En estas circunstancias, ¿cuál debería ser el papel del sector privado y del Estado? He trabajado los últimos 20 años tratando de aprender precisamente sobre esa interrogante y considero fundamental que las empresas entendamos que las utilidades son cruciales para que el sistema funcione. Tan vitales como la sangre para un ser humano. Sin embargo, sería difícil pensar que la razón de ser de un humano sea producir glóbulos rojos. Las empresas debemos tomar conciencia de la interdependencia que existe entre nuestra actividad, el ser humano como centro de lo que hacemos y el planeta como hogar donde vivimos.

Las empresas exitosas serán aquellas que entiendan esta interdependencia y actúen minimizando efectos negativos y maximizando beneficios para ese complejo sistema.

El reto del cambio climático es probablemente lo más complejo que hemos vivido. Tiene implicaciones enormes no solo porque afecta a millones de personas, sino también porque amenaza la existencia de nuestra especie. Es complejo, además, porque algunas soluciones pueden causar problemas a corto plazo en cuanto a calidad de vida.

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El punto central. La energía es uno de esos conflictos complejos. Energía barata es clave para sacar a la población de la pobreza. Los hidrocarburos siguen siendo más baratos que las energías renovables y la nuclear tiene riesgos que se deben mitigar.

Es fundamental que el sector privado y el Estado cobremos conciencia de que para lograr los objetivos balanceados, desde el punto de vista ambiental y económico, debemos cambiar paradigmas del pasado. Eliminar monopolios, promover la energía distribuida y generar incentivos para la innovación en estos campos. Debemos continuar trabajando para mejorar el transporte público y bajar la dependencia de energía contaminante.

Creo, asimismo, que debemos entender que viene una gran agenda global que pretende encontrar el balance entre el ser humano y el planeta.

Como país, hemos sabido poner la sostenibilidad en el centro de nuestro modelo de desarrollo. Este es un momento clave para que juntos definamos nuestro rol nacional en este gran desafío, que si lo tratamos correctamente, estoy seguro de que representará una gran oportunidad para Costa Rica y servirá de ejemplo para el resto de la humanidad.

El autor es presidente honorario de la Alianza Empresarial para el Desarrollo (AED) y presidente de Mesoamérica.