Edgar E. Gutiérrez Espeleta. 6 noviembre, 2019

A propósito de la publicación del artículo de Sergio Bermúdez Muñoz, titulado “Un dinosaurio llamado Setena”, publicado el 2 de noviembre, durante la administración Solís Rivera nos propusimos avanzar en el fortalecimiento y modernización de la Secretaría Técnica Nacional Ambiental (Setena) a fin de vencer las debilidades arrastradas por años, que la convertían en foco de queja de inversionistas y por la gestión de obra pública.

No debemos continuar concentrando la crítica a ultranza en las propuestas de solución, so pena de continuar manteniendo una institucionalidad y un esquema de evaluación ambiental que, recurrentemente, es objeto de reproche, de cuya inmutabilidad muy pocos ganan.

La institución estaba anclada en el pasado y llevaba a cabo evaluación ambiental ex ante, colmada de papeles y requisitos. Pero lo que se exigía era que el examen ambiental previo se circunscribiera al análisis de aspectos esenciales, según el tipo de proyecto, y supervisión robusta.

Después de un proceso de análisis, entre setiembre y octubre del 2015, con la participación de 70 representantes de diversos sectores, convocados en cuatro sesiones, se formuló un nuevo reglamento de evaluación, control y seguimiento ambiental para focalizar la labor de la Setena en el seguimiento ambiental, de modo que la evaluación previa se concentrara en proyectos de mayor impacto.

Síndrome de las comisiones. Teníamos absoluta claridad de que la institución no debía seguir evaluándolo todo y al mismo tiempo pretender dar seguimiento a las mismas obras. Solo nos faltó la publicación del decreto en La Gaceta; sin embargo, las autoridades actuales decidieron no publicarlo y crearon otra comisión para redactar otro reglamento.

El gobierno debe explicar por qué excluyeron a muchos sectores de este nuevo proceso y por qué iniciar otro cuando ya había uno con una amplia participación.

La interminable discusión, de comisiones, de revisiones reiteradas, dicho sea de paso, impropia de la materia ambiental, es parte de lo que inflige un tremendo daño a la búsqueda y ejecución de soluciones a los problemas presentes.

Mientras los cambios en la normativa de evaluación ambiental continúen en el círculo de más comisiones, de volver a etapas ya superadas, los que esperan una respuesta pronta de Setena, para que esta efectúe una verdadera y constante supervisión de obras en el campo y para que las regencias ambientales aporten valor, deberán seguir aguardando, con el consecuente perjuicio para el ambiente, las inversiones y el recrudecimiento de la crítica contra un estado de situación invariable.

Plataforma digital. Conscientes del rezago tecnológico y la abundancia de expedientes físicos engrosando los anaqueles, ocasionalmente revisados los casos más recientes, se presupuestaron los recursos suficientes para la puesta en marcha de una plataforma digital para que los trámites se hicieran en línea y disponer de una trazabilidad exacta de expedientes.

En cuanto al ordenamiento territorial, en el gobierno Solís Rivera se emitió el reglamento de la transición para agilizar la revisión y aprobación de planes reguladores, pero, en setiembre del 2015, fue impugnado, por quienes ahora están callados, ante la Sala Constitucional. Si bien la acción fue declarada sin lugar, retrasó avanzar con la rapidez deseada.

Ahorro en alquileres. También priorizamos una inversión histórica en infraestructura y mobiliario por ¢2.350 millones para ubicar a la Setena y a la Dirección de Geología y Minas en el mismo edificio, con miras a conformar un Minae-Servicios para ahorrar al país aproximadamente ¢215 millones anuales en alquileres y muchos dolores de cabeza a los usuarios del Minae.

Las acciones mencionadas, junto con otras vinculadas al fortalecimiento del recurso humano y la transparencia, fue el norte del proceso de transformación de la Setena iniciado en el gobierno anterior.

Las críticas al desempeño de la Secretaría no las pasamos por alto. Más allá de la preocupación coyuntural de la presa de expedientes o la tentación de transitar el camino ya recorrido, no debemos continuar concentrando la crítica a ultranza en las propuestas de solución, so pena de continuar manteniendo una institucionalidad y un esquema de evaluación ambiental que, recurrentemente, es objeto de reproche, de cuya inmutabilidad muy pocos ganan.

El autor es exministro de Ambiente y Energía.