Alejandro Miranda Lines. 24 mayo

La agroindustria cañero-azucarera costarricense se encuentra en peligro de desaparecer debido a los bajos precios en el distorsionado mercado internacional, a las barreras al comercio azucarero, a los subsidios otorgados por los grandes países productores y a las difíciles condiciones del entorno competitivo local.

En la peor de las crisis de empleo en la historia, una industria generadora de trabajo para más de 58.000 familias rurales, a través de 12 ingenios azucareros y 7.500 pequeños productores, está en riesgo de ser sustituida por apenas 200 trabajadores que comercializarían azúcar importado.

Fuertes barreras al comercio. En un mundo sin barreras comerciales, el azúcar de caña de los países tropicales desplazaría al elaborado a base de remolacha.

La ineficiente industria de la remolacha —que representa el 40 % del consumo mundial de sacarosa (60 % en países de la OCDE)— depende de altísimos aranceles para sobrevivir. Por ejemplo, la Unión Europea mantiene un arancel fijo de 419 euros por tonelada métrica de azúcar (equivalentes hoy al 190 % de arancel); Japón, un 280 % de arancel (con licencias de importación); y Estados Unidos, un 150 %.

Estas barreras generan sobreproducción de azúcar de remolacha y convierten el comercio del edulcorante en un injusto mercado de excedentes.

El promedio arancelario del azúcar en la OCDE es un 140 % —promediando un 95 % en países cañeros y el 160 % en los remolacheros—, muy superior al 45 % de arancel en Costa Rica.

Bajos precios en el mercado. A la sobreoferta causada por el azúcar de remolacha, se suman agravantes como subsidios, manejos de tipos de cambio y grandes capitales especulando en los mercados básicos. He aquí algunos ejemplos:

1. La India comenzó a otorgar enormes subsidios directos a sus exportaciones y a sus productores, convirtiéndose por primera vez en exportadora neta de azúcar. La Organización Mundial del Comercio (OMC) brilla por su ausencia ante esta flagrante deformación del comercio internacional.

2. La pandemia destruyó el precio del petróleo y paralizó la producción de etanol carburante de los grandes ingenios de Brasil. Ahora, dedican su caña a la producción de azúcar, originando así otra inesperada expansión de la oferta.

3. China aplica una medida de salvaguarda de un 45 % extra y, de esta forma, baja sus importaciones de azúcar.

El precio internacional del azúcar crudo tiene una naturaleza distorsionada y volátil. En este momento, se encuentra cercano a los $0,10 la libra, por debajo del costo de producción en cualquier país del mundo. Sin embargo, pronto podría subir hasta triplicar ese nivel, como sucedió durante la crisis alimentaria del 2009-2011, cuando se incrementó hasta llegar a $0,34 la libra. En esa época, como en otras, la industria local sirvió para amortiguar esas fluctuaciones con oferta y precios estables.

Entorno local. La agroindustria azucarera padece los mismos problemas estructurales que afectan a los demás sectores productivos nacionales: altas cargas impositivas, desproporcionados precios de los combustibles, elevados costos de energía eléctrica, malas condiciones cambiarias y tramitomanía.

La situación se agrava para esta agroindustria al verse imposibilitada para comercializar sus propios subproductos. En el mundo entero, los ingenios azucareros compiten exitosamente en los mercados de alcohol, licores y generación de electricidad.

El ICE, Fanal, Aresep y Recope impiden a los azucareros participar efectivamente en estos mercados en Costa Rica, lo cual es un límite a las posibilidades de éxito y una privación al país de energías renovables, estratégicas y asequibles.

La pandemia. Durante esta pandemia, muchos países han sufrido dificultades para suplir sus necesidades de medicinas y equipos médicos. Algunos gobiernos deformaron las reglas del comercio ejerciendo la ley del más fuerte.

Ese mismo comportamiento podría repetirse en los mercados de alimentos. Alteraciones en las cadenas de abastecimiento, por falta de oferta o por disrupciones logísticas, podrían acarrear escasez o encarecimiento de los precios.

Lo anterior coloca en un gran riesgo a los países dependientes de importaciones para suplir sus necesidades básicas. Esta crisis debe fortalecer el olvidado concepto estratégico de la seguridad alimentaria. Solo apoyando a la producción nacional se evitará un fatal desenlace en el futuro cercano.

La producción de azúcar tiene numerosas barreras de entrada debido a las cuantiosas inversiones necesarias para instalar un ingenio azucarero. Cuando un ingenio desaparece, es para siempre. Por eso, es necesario entender que las decisiones que se tomen o dejen de tomarse durante esta crisis pueden ser definitivas.

Situación actual e importaciones. La agroindustria azucarera se encuentra hoy entre la espada y la pared. Por un lado, los grupos más liberales adversan los aranceles locales y las medidas lícitas —previstas por la OMC— para equilibrar condiciones injustas del mercado internacional.

Por el otro, los grupos más estatistas no ven con buenos ojos flexibilizar los mercados de subproductos de la caña de azúcar. Resulta difícil encontrar coherencia en este escenario y en quienes atacan los aranceles locales del 45 %, pero guardan silencio cuando se trata del 140 % de la OCDE o de los gigantescos subsidios de la India.

Sobre la defensa del “consumidor”, la experiencia nos enseña que los importadores de azúcar no han beneficiado en nada al consumidor costarricense.

Aunque el precio que pagan por el azúcar ha caído en más de un 60 %, ellos nunca lo bajaron, aumentaron márgenes igualando precios a los productores locales, cuyos costos les impiden hacer dicha reducción.

Si no beneficiaron al consumidor en tiempos de precios bajos de importación, menos lo harán cuando vengan los tiempos de precios altos. Máxime si en ese momento ya no existe producción nacional que equilibre la oferta y el precio.

El sector agroazucarero está amenazado actualmente por crecientes importaciones que obligan a los productores nacionales a cerrar o vender por debajo de su costo en el mercado internacional.

El sector cañero-azucarero no pide subsidios, sino una medida de salvaguarda con el propósito de nivelar el piso competitivo y neutralizar el efecto de los desequilibrios comerciales aquí descritos.

Esta pandemia debería hacernos a todos reflexionar sobre el valor estratégico y social de la agricultura nacional, del empleo rural y de la existencia de los pequeños productores.

Si en esta situación no se ayuda al sector agroindustrial costarricense a sobrepasar la coyuntura y alcanzar su potencial, estaremos contribuyendo a profundizar la crisis económica y social que se avecina.

El autor es ingeniero industrial.