Enrique Lizano Pacheco. 25 abril

Los grandes centros de población funcionan con sistemas de transporte público para el traslado de las personas sin la necesidad de utilizar un vehículo propio.

Pagando una tarifa asequible, se movilizan a sus trabajos, visitan a sus parientes y amigos, van de compras o asisten a actividades de entretenimiento sin salir del estructurado esquema de transporte público.

Lo más sobresaliente es que las personas caminan. Cuadras más, cuadras menos, todos los días deben caminar un poco. Si se suma ese poco diario, la persona promedio utiliza sus pies para ir hacia sus destinos con bastante frecuencia y consistencia, lo cual causa un efecto positivo en su salud.

No sucede lo mismo en nuestro país. Ni las ciudades ni los pueblos están diseñados para que la gente camine. Tampoco el transporte público, pero no voy a llamar la atención sobre lo obvio, sino acerca de otra razón por la cual los costarricenses no caminan.

Aceras en La Fortuna de San Carlos. Cortesía de Enrique Lizano Pacheco.
Aceras en La Fortuna de San Carlos. Cortesía de Enrique Lizano Pacheco.

Daños y peligros. Las aceras son escasas, y cuanto más nos retiramos de la Gran Área Metropolitana (GAM), más se echan de menos. Las existentes suelen estar dañadas por el paso del tiempo, por las raíces de algún árbol o el vandalismo. También las hay quebradas en las vías públicas porque se efectuaron trabajos y nunca fueron reparadas. El caminar, desde luego, se torna peligroso.

Hace algunos días, en La Fortuna de San Carlos, noté que en algunos tramos de la carretera principal construyeron aceras amplias que continúan en cunetas también amplias. Mi sensación, al recorrerlas, fue de seguridad.

Me sentí protegido de los vehículos que pasaban a gran velocidad. Pensé en todas las personas que transitan por esas calles, de todas las edades.

Los adultos mayores, cuyo caminar es pausado y requieren una gran coordinación para evitar una caída, en esas aceras no tienen por qué concentrarse en sincronizar la mente, la vista y el pie para mantener el equilibrio, ver si hay huecos y dar el paso seguro, pues la acera es amigable.

También, vinieron a mi mente los niños y adolescentes que, al dirigirse a sus centros de estudio, van seguros, sin exposición a un traspié sobre una superficie irregular, incluso si, como niños y jóvenes que son, corren para llegar a tiempo a sus clases presenciales.

Igualmente andan quienes tienen necesidades especiales de movilidad. En este tipo de aceras hay espacio para todos, pero lo visto y vivido en La Fortuna es excepción.

Aceras y obstáculos para caminantes en Rohrmoser

Alianzas. Hace poco fue aprobada la Ley de Movilidad Peatonal, marco jurídico que regula aceras y vías peatonales, y prioriza la movilización de las personas de manera segura, ágil, accesible e inclusiva.

La ley otorga al Estado la competencia de la construcción de estas orillas de la calle y todos los demás componentes en la red vial nacional, y traslada a las municipales la gestión y el mantenimiento.

Pareciera la oportunidad idónea para cambiar el paradigma y comenzar a rendir cuentas al peatón respecto de una movilidad segura históricamente negada.

Iniciativas de ley como la que comento deberían estimular la creatividad de los gobiernos locales para alcanzar sus objetivos y en los administrados, el sentido crítico para señalar a las alcaldías su deber de alcanzar sus fines en el marco de la legalidad, mediante formas tradicionales o no.

Existen múltiples formas para la construcción de infraestructura mediante acuerdos público-privados. Mi sugerencia es instar a las municipalidades a echar mano de sus alianzas con sus pares de otros países, donde hayan probado ser exitosos en la gestión del modelo colaborativo y busquen apoyo técnico para instaurar programas similares en Costa Rica.

También es opción solicitar criterio, asesoría y colaboración a instituciones y organismos no gubernamentales dedicados al diseño de estas uniones, como el Banco Interamericano de Desarrollo, que posee programas dedicados exclusivamente a la sostenibilidad de las ciudades, o de entidades locales, como la Fundación para la Sostenibilidad y la Equidad (Aliarse), donde participan, entre otros, el Ministerio de Obras Públicas y Transportes, el Instituto de Fomento y Asesoría Municipal, la Unión Costarricense de Cámaras y Asociaciones del Sector Empresarial Privado (Uccaep), el Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos y una buena cantidad de empresas de diversos sectores, ubicadas a lo largo y ancho del país.

Deberá ser tarea de las municipalidades, mediante las avenidas legales disponibles, crear programas e incentivos para matricular empresas deseosas de contribuir a la construcción y mantenimiento de las aceras.

Es deber moral de las municipalidades con mayor poder económico, ubicadas en la GAM, colaborar con los cantones de menor desarrollo y compartir conocimiento para llevar a cabo este tipo de programas colaborativos. A fin de cuentas, nos movilizamos por todo el país y queremos, tanto para nosotros como para los turistas, disfrutar nuestras bellezas naturales con seguridad y comodidad al transitar por las carreteras y caminos.

El autor es abogado.