Fidel Jaramillo Buendía. 28 marzo

¿Se han puesto a pensar que el acto rutinario de ir al baño es un privilegio? En Latinoamérica y el Caribe, cerca de 240 millones de personas no tienen acceso a un baño digno, sobre todo, en zonas rurales y costeras.

Más aún, ¡19 millones de personas todavía defecan al aire libre! En pleno siglo XXI, parece irreal. Y, si seguimos la cadena de saneamiento, incluso para los privilegiados que disponemos de baño, encontramos otra realidad alarmante: únicamente el 25 % de las aguas residuales en la región son tratadas adecuadamente.

Del 1.° al 3 de abril, estos desafíos serán los temas centrales de la V Conferencia Latinoamericana de Saneamiento (Latinosan 2019), auspiciada por el Gobierno de Costa Rica, en el Centro Nacional de Convenciones.

Expertos del mundo estarán reunidos bajo un mismo lema y objetivo: saneamiento para todos. Los retos son enormes. Por poner un ejemplo dramático, las enfermedades causadas por falta de acceso seguro a agua o saneamiento causan más muertes en niños que el sida, la malaria y el sarampión juntos. Igualmente, es grave la falta de baños higiénicos y seguros en las escuelas, una causa significativa de deserción escolar, especialmente para las niñas adolescentes.

La crisis es el resultado de muchos años de rezago en mantenimiento, falta de inversiones e ineficiencia de los sistemas de saneamiento. Para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y cerrar las brechas en saneamiento en América Latina se necesitaría invertir $14.000 millones al año, pero apenas se invierte menos de la mitad. A ese ritmo, cumpliríamos los objetivos hacia el año 2100, algo que resulta inadmisible.

Caso alarmante. La situación en Costa Rica es incluso más preocupante: el 85 % de las aguas residuales son vertidas directamente a ríos, mares o tanques sépticos afectados por graves problemas de filtraciones. Como resultado, 25 de las 34 cuencas hídricas están sumamente contaminadas, lo cual, lamentablemente, afecta, sobre todo, a las personas más vulnerables.

Costa Rica ha construido exitosamente una imagen de “país verde”, que ha traído enormes beneficios en términos de turismo, aprovechamiento de su biodiversidad y calidad de vida, No puede correr el riesgo de “matar la gallina de los huevos de oro” y no avanzar en su agenda de saneamiento, pues cuencas y mares contaminados equivalen a más enfermedades y menos actividades productivas, visitantes y empleos.

Afortunadamente, en los últimos años, el gobierno y Acueductos y Alcantarillados han hecho una apuesta ambiciosa para transformar el futuro del saneamiento del país mejorando la infraestructura, la cobertura y la calidad de servicios de recolección y tratamiento.

El país ascendió en el índice de desempeño ambiental de la Universidad de Yale, de la posición 54 a la 30 en el 2018 y está cerca de erradicar la defecación al aire libre.

Los avances son, sin duda, muy importantes, pero persisten desafíos muy significativos. Se necesitarán muchas más acciones, sobre todo, esquemas más eficientes de ejecución de proyectos, iniciativas innovadoras y alianzas público-privadas para cubrir los $250 millones de inversión anual que el país necesita para cubrir las brechas en materia de saneamiento.

Costa Rica nos convoca a Latinosan 2019 no solo como una oportunidad única para profundizar el diálogo sobre estos desafíos, sino para reafirmar el compromiso de instituciones públicas, empresas privadas, académicas, ONG y, especialmente, de cada asistente para generar un cambio de paradigma en torno al saneamiento, de tal manera que un baño digno y el tratamiento de aguas residuales no sean un privilegio de pocos, ¡sino la norma para todos!

El autor es representante del BID en Costa Rica.