Gilberto Campos Cruz. 3 abril

Costa Rica es uno de los pocos países de América Latina, junto con Uruguay y Argentina, con capacidad de suplir el mercado interno lechero y exportar sus excedentes.

La producción alcanza los tres millones de litros de leche al día; sin embargo, para los costarricenses, el mercado lácteo no ha sido tan dinámico, pese a que el consumo supera en 52 litros per cápita anual la recomendación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), según los datos de la Cámara Nacional de Productores de Leche (Caprole).

Imagine por un momento el mercado de productos lácteos como un gran queso hecho en moldes de hace muchas décadas, sin que las categorías y las líneas de productos hayan variado.

La entrada tímida de participantes al mercado ha generado tener hoy delicatessen de algunos tipos de quesos, principalmente, pero sin impactar en cantidad, variedad y precio el mercado masivo de leche líquida, helados, mantequilla, natilla, quesos frescos, por mencionar algunos. El mercado sigue estando en pocas manos.

La alta penetración celular y de Internet en nuestro país, que no discrimina por estrato social, tampoco lo hace en el tipo y la cantidad de información compartida. De esta manera, la visibilización de los mismos productos lácteos del mercado interno, comercializados a precios más bajos en los externos, provoca en los consumidores incomodidad, ira y frustración. Las críticas casi siempre quedan sin respuesta.

Precios estratégicos. El mantener precios bajos en países vecinos posiblemente obedezca a estrategias de penetración y competencia; no obstante, articula una contradicción: siendo Costa Rica un gran productor regional, ¿por qué cobra precios más altos a los consumidores internos que a los de sus países vecinos?

Aún no hay una respuesta satisfactoria para la masa de compradores que día a día sobrepasa la recomendación de consumo de la FAO.

Un queso tan grande, con pocos actores, una alta concentración y precios altos para los consumidores comparados con el mercado regional, clama por competencia.

La entrada de Lala al país rompe el molde del gran queso; ese molde representante de las reglas del mercado, dispuestas para la estructura actual y los actores dominantes de hoy. Probablemente, habrá un reacomodo y el inicio de las acciones de competencia que sin duda serán algo nunca visto en el mercado costarricense.

Los consumidores debemos esperar, en primera instancia, que se muevan los pastos tranquilos por los cuales transitaban los actores del mercado lácteo, y que gracias al empuje de la innovación y la renovación técnica se desarrollen mucho más aceleradamente en nuestro país los beneficios de la competencia, pero, principalmente, que los consumidores veamos mejoras tangibles en la cantidad, la variedad y el precio en un mercado acostumbrado a la soledad.

Posición gubernamental. Del gobierno no podemos esperar mucho hasta que de su seno no salga la manifestación de la posición ideológica dominante en este asunto. Si por un lado predominará el discurso proteccionista del Ministerio de Agricultura y Ganadería, a favor de evitar niveles eficientes de competencia, o si, por el contrario, como dijo el presidente, Carlos Alvarado, se alegran por la inversión extranjera y la dinamización de la economía.

Lo cierto es que esto apenas está empezando. Ya veremos si el gobierno permite que los consumidores nos beneficiemos, realmente, de la competencia en el mercado de productos lácteos.

El autor es politólogo, vicepresidente de Consumidores de Costa Rica.